ENTRE LOS ENIGMAS

 ¿Qué es este pedazo de historia...?
ENTRE LOS ENIGMAS
-Es un terrorista.
Jack Moldron fumaba un puro distraídamente cuando tachó al hombre de esa condición, confiado.
-¿Tú crees?
-¡Sin duda alguna! Se puso con aquel discurso tan raro en mitad de la calle... qué digo raro, ¡sospechoso! ¡Amenazador! Que esto es solo un preludio de la hecatombe, que las vamos a pasar canutas... no me digas, McFinnegan, que no es para pensar que esté amenazando a la seguridad nacional.
-Puede que sea un loco, sin más.-se encogió de hombros Patrick McFinnegan.-Últimamente cada vez a más gente se le va la olla y empieza a decir disparates.
-Hay dos tipos de personas que dicen disparates-sentenció Moldron-O los locos, o los muy listos.
McFinnegan asintió mudo, ante la confianza que mostraba en sus palabras Moldron. En efecto, aquel tipo podía ser un demente, o un psicópata demasiado inteligente. O quizás los dos.
-Deberíamos interrogarle. Ya le detuvimos hace dos horas y no hemos encontrado momento para hacerlo.
-Cierto...
Los agentes Moldron y McFinnegan hicieron llevar a aquel sujeto a la sala de interrogatorios. Cuando lo vieron a través del cristal de visión unilateral lo vieron por segunda vez. En la lucha contra la policía se había dejado la cara hecha unos zorros, con moratones y contusiones, aunque la que más asustaba era una que le había dejado el ojo izquierdo negro. A pesar del dolor que debería estar sintiendo, dibujaba en su rostro una sonrisa calmada, hasta un poco inquietante, a la que acompañaban unos ojos pícaros y tranquilos. Jugaba en la mesa con un misterioso anillo de plata, que hacía girar con los dedos. Su traje negro, el mismo con el que dio la conferencia, tenía un aspecto más luctuoso que nunca, a causa de los rasgones, las manchas de polvo y las múltiples arrugas. Definitivamente, le habían dejado en su detención para el arrastre, pero seguía luciendo esa estúpida sonrisa. Y eso era lo que hizo que costase tanto que saliera la palabra de la boca de Moldron:
-Entremos.
Nada más entrar, McFinnegan se estremeció al percibir el aura espectral de aquel tipo. Moldron se esforzó en mostrarse impasible, y fríamente tendió el expediente sobre la mesa. Se sentó mecánicamente, mientras le hacía un gesto a McFinnegan para que se quedase detrás de él, y abrió el expediente:
-Veamos, señor...
-Tyler.-completó el hombre con una sonrisa solícita, si bien macabra.
Moldron aspiró la saliva apretando los dientes, dirigiéndole una mirada de rabia. Ni siquiera la paliza de la detención había logrado controlar su carácter indómito. Le desquiciaba.
-Como sea. Por lo que veo, tiene el expediente limpio, es usted un santo...-admitió resignado. Siguió, apartando la mirada del documento y mirando a Tyler a los ojos, fijamente-¿Qué se supone que hacía en aquel local?
-Estaba dando un discurso.
-Un discurso un poco amenazador, ¿no cree?-inquirió Moldron, enrabietando su tono de voz.
-Solo cierto. Y la verdad no es mi culpa.
Tyler se encogió de hombros. Moldron, nervioso, se limpió los restos de saliva en sus labios con el dorso de la mano, para ganar tiempo.
-No me venga con tonterías-respondió, airado. Tomó aire para empezar a citarle:-'Estos sucesos extraños, tales como violaciones, asesinatos, robos y corrupción, son el resultado de lo que allí se maquina de momento', o 'Yo he visto a las personas responsables de su infierno diario de represión'.-le miró, curioso- ¿Qué significa esto?
-¿No lo dije bastante claro?
-Usted no sabe con quién está hablando, amigo-dijo Moldron, colérico,  levantándose con un estrépito y señalándole-Más le vale darme una explicación clara de lo que quería decir con ese dircurso.
Tyler se estremeció en la silla. McFinnegan estaba perplejo ante aquel quebrantamiento de la fialdrad de Moldron, y le miraba sin decir nada. Tyler pareció estar más persuadido y se dispuso a hablar.
-Hay un sitio, donde todo lo malo se cuece. Yo lo he visto. Yo he conocido a esos tipos...-sus ojos se abrieron como platos, y se pudo ver el temor en ellos-No les puedo decir nada más. Estoy bajo un juramento. Pero trato de prevenirles de algo gordo.
Moldron se volvió a sentar y se apoyó sobre los antebrazos, inclinándose hacia adelante.
-¿Y no puede decirnos dónde está ese lugar?
Tyler suspiró.
-Sólo puedo decirle, detective, que es un lugar en el que cada pisada es un escalofrío ungido de veneno ácido... en el que se siente el aliento de la Muerte en la nuca.
-Mire usted, a mí no me gustan los acertijos. Dígame dónde es-dijo Moldron, empuñando su boli para apuntar el nombre del lugar en su bloc.
-¡No puedo!
-¡Que no me venga con jueguecitos! ¡Dígame ahora mismo qué lugar es ese!
-Está en el bosque Lookwood.
-Eso está fuera de la ciudad-señaló McFinnegan.
-¿Qué lugar del bosque? ¡Venga, desembuche ya!
- Estoy bajo juramento...quiero decírselo, pero no puedo.-tartamudeó Tyler, temblequeando.-Pero puedo darle este anillo. Le ayudará a encontrarlo.
Moldron recibió de Tyler, perplejo, un anillo de plata con una inscripción negra que no había visto en su vida. Tras examinar sucintamente el curioso objeto, Moldron miró a Tyler. Había tomado una decisión.
-¿Es esa su última palabra? ¿Seguro?-siseó.
-Sí.
Moldron se levantó y le hizo una señal a McFinnegan para que se fuesen. Tyler se quedó ahí, expectante, con una mirada de desamparo, abriendo la boca pero sin poder articular palabra. Los dos detectives salieron de la sala y se detuvieron al lado del agente que vigilaba la puerta del interrogatorio. Moldron se volvió para mirar con rabia a Tyler a través del cristal, y a continuación se dirigió al policía.
-Ese hombre, al calabozo.

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