Entradas

Mostrando entradas de febrero, 2016

La leyenda del pensador Fabio

¿Habrá realmente respuestas? La leyenda del pensador Fabio En mi planeta, oímos a menudo un grito que viene desde muy lejos, tan lejos que no se puede medir. Se dice que el que grita es el pensador Fabio. Fabio era un jouyín de las llamadas Montañas del Sur de Arelia que, ya desde pequeño, se preguntó de dónde venía todo. Nadie sabía la respuesta, así que se propuso averiguarla él mismo. Se encerró en una gruta profunda de la montaña, para meditar. Permaneció allí durante siglos, sin que nadie le molestase, porque no le dijo a nadie dónde se fue, y nadie fue capaz de encontrarlo. Tras siete duros siglos en los que no se sabe cómo permaneció vivo tanto tiempo, salió de su cueva convertido en un venerable anciano de larga barba y profundos ojos. Dijo que estaba encontrando respuestas a los enigmas del universo, y se puso a predicarlas. Dijo que el Universo se había vendido a unos seres desconocidos, a cambio de que estos le diesen la energía para funcionar. Y así nacieron los astros y …

Un nuevo mortal

Por nosotros, los soñadores. Un nuevo mortal
Estoy cansado de gente falsa, falsos sueños, falsas esperanzas; quiero rasgarlo todo, quemarlo, respirar un nuevo violento y recio lienzo de sangre, respirar con fuerza, respirar con pasión, respirar con una fuerza que no es la mía, sino la de mi voluntad más inquebrantable. Los tubos de metal bufando en mi cabeza son frenéticos, mi cerebro rebota como una ardiente centella dentro mi caja craneal, y esta se va a romper en un alarido de fuegos artificiales. Me voy a sacar el corazón a puñetazos y le voy a inyectar electricidad para que vuelva a mi pecho con una reforzada melodía de alegría. Eso es lo que quiero hacer. Olvidar, olvidar, olvidar, sofocar mis penas en un vaso de fantasías heladas, hacer arder los puños al cerrarlos en el frío, jugando a tirar bolas de nieve con el riesgo. Arrojarse a un abismo para buscar un tesoro, asumiendo que puede no haber nada. Nadie me va a decir lo que debo pensar, o lo que debo sentir. Todo el mundo s…

Finalmente, el fin

Finalmente, el fin
Cariño, el mundo está finalmente terminando. Levántate de la cama y sube conmigo a la terraza para comprobarlo por ti misma… no me creías capaz, ¿eh? Cuando te decía que haría cualquier cosa que me pidieras, no estaba bromeando. No, no estoy loco: solo enamorado. Mira, mira, mira este caos, esta truculenta maraña de catástrofes… ¿que hable normal? Ni pensarlo, esto es un momento grandioso para la humanidad, desencadenado por tú y yo. Contempla el espectáculo que se haya por debajo de nosotros… los dragones emergen de las almas de los resentidos, preparados para emprender sus cantos de hielo y acero. Las brujas dejan de ser unas hipócritas bellas y perfectas para ser quienes realmente son. Los hombres malos son los monstruos que realmente se sienten… y las buenas personas resbalan y se rompen la crisma en charcos de sangre desperdigados por toda la ciudad. Y eso, cariño, ¡oh, cariño!, solo es el principio del fin del mundo. Ahora, este diminuto e insignificante puebl…

La barca pecaminosa

Esta es la versión narrado. Abajo, tenéis una versión en guión, por si queréis hacer un teatrillo con unos amigos. Yo lo hice, y, siendo objetivamente modesto, nos desternillamos, así que... ahí la tenéis :).
La barca pecaminosa El barco se estaba inundando feamente por momentos, así que yo, como capitán, debía elegir a quién debía salvar: me enfrentaba al típico dilema de clase de ética. Pero no había tiempo que perder, así que salvé a los primeros cuatro que vi. Muy deprisa, entre los crujidos lastimeros del barco y el griterío de los pasajeros, nos metí a los cinco en el único bote salvavidas y con una navaja corté las cuerdas para hacernos caer al agua. La gente gritaba mucho, y era imposible no prestarles atención, así que mis cuatro salvados y yo miramos el barco hasta que terminó por hundirse. Varios pasajeros intentaron nadar, mantenerse a flote, pero eran aguas muy frías y no tardaron mucho en morirse. Ahora, nosotros cinco nos encontrábamos en una situación peliaguda: estáb…