sábado, 23 de abril de 2016

Odio a primera vista

Esto es fresco, nuevo, iracundo, furio... estoy hablando demasiado; tres, dos, uno, disfrutadlo :).
Odio a primera vista
Nada más verla, la odié. Nada más verme, puso una cara de asco espeluznante. Me presento, soy Fran, y ella, mi más cruda némesis, es Sarah. Ambos supimos, nada más vernos, que nada nos sentaría mejor que ver sufrir al otro, y esa es la causa de todos los desastres que vienen sucediendo en los últimos meses de mi vida. En cuanto a ella, ¡he!, su vida también ha dado un vuelco peligroso. Pero, dejémonos de chácharas introductorias, vayamos al meollo de esta gran historia de emociones, esta experiencia de odio a primera vista.
Desde el principio dedicábamos todo el tiempo de las clases a mirarnos con odio indisimuladamente, pero ella fue quien comenzó la batalla sin tapujos. Se hizo amiga de la chica que me gusta y la manipuló para que pensase que yo era una especie de psicópata machista anoréxico con serios problemas de autoestima. Desafortunadamente, se corrió la voz de estas cosas, y excepto la gente que me conoce de verdad, los otros siempre recelaban cuando les pedía un mechero para encender el pitillo; sabían que era un rumor falso, pero digamos que no ha tenido una buena repercusión en mi imagen.
Pero, yo, amigos, ¡ha, ha!, no os creeríais que iba a quedarme de piernas cruzadas. Yo preparé un segundo round mezquino, ruin, miserable, dantesco, horripilante, aberrante, armagedónico. Le escondí los apuntes el día de antes del examen global de física: gracias a mí, pasó unas Navidades de maravilla estudiando para la recuperación, no solo estudiando los apuntes; también haciéndolos, porque yo se los había escondido a mala idea y no podía encontrarlos.
A la vuelta, ella estaba muy enfurecida, de manera que me puso clavos untados de alguna sustancia extraña en el respaldo de la mochila y, cuando me desperté, estaba en el vestuario de chicas del colegio en calzoncillos. No se lo tomaron a bien, ni ellas, ni el colegio, me expulsaron una semana, y de milagro que no fue definitivamente, porque mostré arrepentimiento.
Yo estaba realmente enfadado por esta última treta, y sentía como si una bola helada de fuego me rebotase dentro del pecho: era la venganza, tentándome. Para que se diese cuenta de quién mandaba allí, la drogué con un somnífero en su botella de agua y, una vez dormida, la llevé a una cabina del cuarto de baño de los chicos, y la puse sentada en el váter con una nota en el pecho que decía 'Fóllame, solo más de 20cm'. Esto fue un auténtico escándalo, y yo estaba plenamente satisfecho por el dulce sabor de la venganza, complaciéndome.
Pero el caso es que ella estaba psicopatizada completamente por la última trastada y quería fervientemente darme un escarmiento definitivo: yo procuré tener cuidado, pero no pude hacer nada cuando el vídeo conmemorativo de final de curso fue sustituido por uno en el que salía un montaje horroroso fotoshopeado de mi persona con falos, vaginas sin mujeres y más elementos obscenos por el estilo... incluso el profesor que no se reía nunca se rio, joder...
Esto era el colmo. Ambos habíamos arruinado nuestra reputación a no poder más, y los dos estábamos ya con cuchillo en mano: había que resolver aquello, de una manera, y ya. Pero no estábamos dispuestos a ser transigentes, indulgentes, con el otro, ¡nooooo!, había que acabar nuestro odio de una manera tan apoteósica que todo el mundo hablase de nuestro odio como algo histórico. Así pues, quedamos para hablarlo y tal, porque había que llegar a un acuerdo de cómo debía ser la batalla final. La cuestión es que en cierto momento de la conversación se abalanzó sobre mí y comenzó a morrearme, sin causa aparente... yo, dominado por un extraño instinto animal, le seguí el juego, una cosa llevó a la otra y... ya me entendéis. Ya al terminar el acto sexual, ella se fue a fumar un cigarrillo mirando por la ventana abierta la ciudad dormida.
-Y, bueno, esto ha estado bien y eso... pero hay que hablar sobre cómo vamos a zanjar este odio eterno de una vez.
Ella, entonces, se apartó el cigarrillo de la boca y se giró.
-Fran, cariño.-me sonrió-Tienes sida.

domingo, 17 de abril de 2016

Dicen que soy despreciable

Con este texto no apoyo malas conductos, solo defiendo la presencia de los instintos en nuestra vida... este es un texto raro, 'filosófico', y estoy abierto a discutirlo en los comentarios con vosotros :).
Dicen que soy despreciable
Dicen que soy despreciable. Dicen que soy egoísta, superficial, inmaduro, repelente. Yo escucho riendo. Y me podrían llamar inmaduro, pero antes podrían escucharme... ¿Por qué me río? Sencillo, estás diciendo algo que me hace mucha gracia. ¡Que no quiere decir que no lo tome en serio, por supuesto...! El humor no es más que otra forma de comprensión, y hay personas, que sin embargo, piensan que alguien con sentido del humor no es más que un gracioso que se dedica a despreocuparse de la vida y hacer chistes. El humor es un grado de la comprensión de la realidad en el que la persona se da cuenta de lo absurda que es la existencia, y no puede sino reírse de ella. Porque, ¿no es gracioso, amigos y que los niños piensen mejor que los adultos, que los adultos peleen por papeles verdes? La realidad nace de los humanos que la creamos con nuestra percepción, y, como si de un gran bebé gordo e idiota se tratase, el comediante se ríe de la realidad... 'Eres inmaduro', 'No sabes lo que dices', 'Sueñas demasiado'. ¿Por qué me llamas soberbio por confiar ciegamente en mí, si tú cuando me lo llamas estás completamente seguro y no piensas poder estar equivocado? ¿Por qué me llamas egoísta, si cuando te pido ayuda me dices que tienes cosas mejores que hacer que ayudar a un egoísta como yo? Me sorprende la gente que dice que lo más importante es el interior, pero luego no se pueden liar con una chica fea. ¿Y esos principios, eh, ahora dónde están? ¡Venga, bésala! Con su bigote, su entrecejo, su acné y su pelo estropajo, ¡bésala! ¡Lo que importa es el interior!, ¿no?
A todos aquellos que no les agrade yo, bien podéis saberlo, que os podéis joder. Es igual de egoísta lo que pueda ser yo que alguien que pretende privarme de ello por su bienestar. Es igual de superficial que yo diga que esa mujer tiene un buen par (de ojos) que esa sentimental no quiera relación con ese porque 'no está preparada para una relación todavía'. ¡Vamos! ¡Sed lo que queráis! ¡Sed pulcros, educados, corteses, fijaos en el interior, despreciad lo desagradable! ¡Negad vuestra naturaleza a cada paso! ¡Sed lo que queráis, pero no olvidéis que bajo esa capa de protocolo social se esconde un animal loco, loco por la buena vida, quejarse y el sexo! Yo lo acepto. Considero las vacaciones como la pereza, que es el propósito para el cual se inventaron. Creo en que si algo no gusta, hay que decirlo, y que el ser humano ha de soltar lastre para no hundirse. Y opino que a todos, sin excepción, nos gusta el sexo. ¡Vamos! ¡Que venga alguien y me lo desmienta! ¡Ya! ¡Vamos! ¿A qué estáis esperando? Puede que a una excusa... mientras la pensáis, aquí estoy yo, diciéndoos sinceramente mi opinión. Podéis insultarme para pasar el tiempo. 'Deslenguado, repelente, superficial...'. Insultadme si os consuela. Y escondeos de mí y de mis sartas de locuras. Pero no os podéis esconder de vosotros mismos.

domingo, 10 de abril de 2016

El fotógrafo fantasma

Estoy deseando descubrir qué está ocurriendo por aquí. Lo pensaré.
El fotógrafo fantasma
Mi tío Adam había estado desaparecido durante décadas, así que fue una sorpresa que llamase a nuestra puerta aquella Nochebuena de 2014. Yo no sabía cómo había sido, pero ahora era un hombre anciano, unas canas con tiznes dorados, muchas arrugas que le navegaban toda la cara y una piel morena que podría haberse confundido con la de un indio. Había venido bien vestido y arreglado. Cuando sonreía, se le veía una dentadura perfecta. Mis padres no podían reaccionar. Yo no mostraba ninguna emoción porque no le conocía. Es decir, suponía que tenía que alegrarme, y sonreía, pero no sabía hasta qué punto era extraordinario el regreso de mi tío. 34 años, al parecer. 34. 
Mi padre, que era su hermano, no dejaba de preguntarle cosas, pero el tío Adam siempre buscaba una forma de evitar responder. A mi padre le ponía muy nervioso, porque había estado sin verle décadas y él solo se preocupaba del tiempo que hacía en Madrid. En un momento de la conversación, cuando todos estábamos sentados en torno a la mesa baja del salón, yo me disculpé y me fui a mi habitación, a ver si tenía alguna notificación en el móvil. Cuando volví mis padres estaban muy alborotados. El tío Adam decía que había estado solo en el desierto del Sahara durante varias semanas, y mis padres no le creían. Aunque, tratándose de un hombre como aquel, no sería extraño. Para demostrarlo, sacó del bolsillo interior de su chaqueta una foto pequeña con los bordes desgastados, donde le vimos, demacrado, arrastrándose por la arena. Mis padres se quedaron conformes, y quisieron saber dónde más había estado. Pero yo interrumpí:
-¿Quién sacó la foto?
-¿Perdón?-abrió mucho los ojos el tío Adam, sin dejar de sonreír.
-Que quién sacó la foto-repetí yo-Estás muy lejos de la cámara como para hacerte esa foto tú, además está hecha desde una altura mayor al suelo y se te ven los dos brazos.
Mi tío Adam se quedó de piedra, y todos le miramos.
-Vaya, es un chico listo, ¿eh?
No respondió nadie. Miró a su alrededor, serio, examinando una por una las caras que le observaban como si fuese un animal de laboratorio, y, tras un rato, resopló y se secó con la mano el sudor de la frente.
-¿Quién estaba haciendo la foto?-silabeó lentamente mi padre.
Mi tío le miró fijamente, con una sombra oculta de desprecio en su mirada, se levantó, y sin decir palabra, cruzó el salón y salió por la puerta por la que había entrado.
-¡Eh! ¡Eh! ¡Espera!-exclamó mi padre, que fue tras él.
Yo fui con él, aunque cuando vi que el tío Adam se alejaba por la calle con prisa me mantuve a unos pasos de mi padre, que se acercaba corriendo a él, y cuando le alcanzó, apoyó la mano en su hombro. Él se giró bruscamente con cara de pocos amigos.
-Métete en tus asuntos, Mario.
-Pero, ¿para qué vienes a casa en Nochebuena si no quieres dar explicaciones? ¡No te hemos visto en  treinta años!
El tío Adam miró a un lado y a otro, y, mientras se giraba para seguir caminando, dijo fríamente:
-Ver.
El tono del tío hizo que mi padre no intentase seguirle de nuevo, y se quedase en la acera nevada, observando como la figura de su hermano se desvanecía poco a poco en aquella oscura noche de invierno. Y, como en su cabeza seguramente, en mi mente rondaban muchas preguntas: ¿dónde había estado? ¿Con quién había estado? ¿Qué había hecho? Pero la que más me intrigaba era esta: ¿volvería?

miércoles, 6 de abril de 2016

El cabezón verde de ojos de aguacate

Acabo de escribir esto. ¡Alienígenas! Tan clásicos, que jamás había escrito sobre ellos. ¡Disfrutadlo!
El cabezón verde de ojos de aguacate
Este es un hombre que va paseando por la calle, cuando de repente llega a su coche y ve que está en llamas.
-Mierda, ¿por qué está mi coche en llamas?
Eso es lo que dijo. Acto después, vino en un platillo volante un alien, asomado por la ventana, con un cabolo verde y ojos así como dos aguacates y le explicó:
-Te he quemado el coche porque creía que estabas dentro.
El hombre se acordó de que los cristales de su coche eran transparentes, así que ese cabezón espacial debía ser ciego. Aun así, lo que más le incomodó del extraterrestre fue que había intentado matarle, y no podía encontrar un motivo lógico para ello.
-¿Por qué me has intentado matar?
-Bueno, con nuestra máquina del tiempo hemos visto que tendrás una hija que tendrá un hijo que tendrá un travesti que tendrá una hija que inventará una máquina del tiempo y viajará al futuro para coger una nave llevarla de nuevo al pasado y atacar mi planeta.
-Ya veo-dijo el hombre, comprensivo-Pues ahora me pilla fatal para morir, porque voy al trabajo y ando escaso para llegar a fin de mes.
-Oh, vaya. Lo siento, en serio, no lo sabía. Si ya eso te mato luego. ¿Cuando te viene bien?
-Pues así a ojo, dentro de cinco años.
-Pero para entonces tendrás a tu hija.
-Mata a mi hija entonces, pero a mí no me compliques la vida, porque ya te digo, que ando justo.
-Pero para eso tendría que matar a la hija del travesti.
-Sí, además, si tienes una máquina del tiempo podrías ir directamente a matarla.
-Hostia, es verdad. ¿Entonces he quemado tu coche para nada?
-Eso parece.
-Si te puedo compensar de cualquier manera...
-Hombre, el coche muy barato no es que saliese. Unos 20.000 euros.
-No sé lo que es un euro. Toma esto.
Entonces el cabezón verde sacó de su nave un pedrusco brillante y se lo entregó al hombre, que no pudo sostenerlo y, si no se hubiese apartado a tiempo, se hubiese quedado sin pies.
-Vaya, gracias. ¿Qué es?
-Es un mineral en mi planeta que no vale mucho, pero dada su rareza en este planeta, te podrían dar una buena pasta. Vamos, si te sirve.
.Sí, sí, me viene de puta madre, sí-respondió el hombre, intentando levantar el pedrusco-Por cierto, ¿cómo sabes castellano?
El extraterrestre se quedó a cuadros con esa pregunta.
-Porque si no, no me entenderías.
-Ya, pero ¿no sería más fácil que yo aprendiese tu idioma?
-Es verdad, hostia. Soy tonto. Toma-el alienígena sacó de la nave un librito y lo puso encima del pedrusco que había logrado ya coger el hombre- 'Cómo aprender Trñúkabúmxchxinpún en dos semanas'.
-Muchas gracias. Entonces, ¿vuelves a Madrid en dos semanas y seguimos hablando?
-Va. Venga, chao.
Entonces, el alienígena cerró la ventana del platillo y despegó, estando a los pocos segundos fuera de la vista del hombre. El cual, fue a su casa con tranquilidad, y le contó lo sucedido a su mujer. Su mujer llamó a un tasador de piedras preciosas y el matrimonio se hizo multimillonario. Entonces, como ya les sobraba la pasta, la mujer le dijo al hombre de tener hijos, y se pusieron manos a la obra. Para entonces el extraterrestre había empotrado el platillo en Marte y se había defenestrado, así que cuando pasaron las dos semanas, el hombre se extrañó de no ver a su casiverdugo para seguir conversando. Pero no le importó mucho. A los nueve meses tuvo una hija, que tuvo un hijo, que tuvo un hijo que se travistió, que tuvo una hija, que viendo toda la pasta que tenía su familia, no tuvo cosa mejor que hacer que inventar la máquina del tiempo. Viajó al futuro, de donde se trajo una nave espacial de última tecnología y decidió ir a la caza de los tipos que habían intentado quemar a su tatarabuelo. Cuando ya llegó al planeta  en cuestión, los de allí estaban tomando tranquilamente el sol cuando fueron fatalmente exterminados por el rayo de la muerte que tenía ella en la nave. Y así se cumplió la profecía del cabezón verde con ojos de aguacate, que en paz descanse, aunque no va a tener mucho descanso porque en el Más Allá sus paisanos le van a estar haciendo la vida imposible por provocar su extinción.

viernes, 1 de abril de 2016

Rechazo de récord

Dedico esto a los rechazados, que algún día, como tanto desean, triunfarán en el amor.
(probablemente no, pero, hey, soñar es gratis)
Rechazo de récord
¡Hola, mis queridos amigos! Hoy os vengo a contar mi última hazaña amorosa, que ha dejado un nuevo récord de rechazo: ¡22 minutos! Os preguntaréis, ¿cómo se puede ser rechazado en menos de media hora si ni siquiera te ha dado tiempo a imaginar lo que hubiéseis podido ser? Os lo narraré, tranquilos, ¡con pelos y señales! 
Mi amigo y yo, dos fracasados amorosos como Dios manda, caminábamos por la calle, devanándonos los sesos por una amada que no existía, cuando vimos a dos mozas paseando. Mi amigo me dijo que no había huevos de hablarles. Y yo, como buen inseguro, acepté... las seguimos un rato por las callejuelas hasta que por fin yo me cansé del acoso silencioso y llamé su atención. Se giraron. Una de ellas, por la parte de atrás me había vuelto loco y cuando ya le vi la cara deseé llevar un crucifijo conmigo, para protegerme. La otra era guapa, de pelo castaño liso, morena, y delgada como alguien que no come. Les dije, pues yo tengo más labia que mi amigo, que mi amigo y yo creíamos que eran muy guapas y que queríamos invitarlas a tomar algo. Nos dieron su número. Cuando ya hubieron alejádose, mi amigo me felicitó porque habíamos conseguido algo, y yo, naturalmente, me subí arriba. ¡Bueno, bueno! No sabíamos si los números eran falsos, pero era algo.
Ya en mi casa aquella tarde, cuando mi amigo se hubo marchado, llamé al número de Cristina, que así se llamaba la guapa, y comprobé que no era falso. ¡No cabía en mí de gozo y arrebolamiento! Había infringido la regla de las 48 h, pero me daba igual porque me daba la sensación de que no me llamaría a mí, y ¡acerté! Después de esta confirmación de posibilidad, esperé 5 días, y en una noche de viernes, la mensajeé. Le dije que era Iñaki, que nos habíamos conocido el domingo. Le pregunté qué tal, para romper el hielo y ella me dijo 'Bn jajaj y tu', como cualquier mujer decente de mi edad que se precie. Yo le respondí que sí, que yo también estaba muy bien, y la invité a tomar algo. Había acordado con mi amigo ser yo el que se intentase ligar a la guapa, porque no solo él no quería con ella, sino que además no se hubiera enrollado con la otra ni aunque le pagasen, que ya es decir. Cristina me comentó que no quería novio, a lo que repliqué procurando mantener la mente fría que cómo sabía que no le gustaba si todavía no había probado a quedar conmigo, que yo no era tan malo, hombre. Ella, tajante, díjome que se iba a bañar su pez, que no quería salir ni quedar con nadie ni nada. 'Una pena que una chica tan guapa sea más estrecha que el puerta cerrada', pensé, pero no quise ponérselo a la muchacha vía Whatsapp y le puse 'Sí, báñalo, que estará seco'. Me despedí. Apagué el móvil un momento para hablar una cosa con mi madre y cuando lo encendí de nuevo ya me había bloqueado. Miré el reloj y, en mi tristeza, me enorgullecí. ¡22 minutos había durado la conversación! ¡22 minutos había tardado en ser rechazado! Era un nuevo récord, y, como buen fracasado amoroso, quise compartirlo, así que llamé a mi amigo a comentárselo, quien me dijo que si me importaba que lo intentase él ahora y yo le consentí su deseo. También muy sabiamente observó que le había pedido muy rápido quedar. ¡Coño! ¿Qué quería que hiciera? ¿Hablar con ella una semana sobre sus aficiones para que me respondiese lo mismo...?
En fin. Aunque me haya quedado otra vez sin la chica soy feliz, porque no solo tengo una buena historia sino que además es un nuevo récord para mí. No es como un triunfo amoroso, pero me enorgullezco pues esto queda jodidamente bien en mi estante de fracasos amorosos. 'Cristina: 22 minutos'. ¡Uau! Es un récord de los de poner encima de la chimenea. ¡Sí, encima de la chimenea! A mi novia le hará gracia este tipo de cosas, cuando exista.