viernes, 25 de septiembre de 2015

SANDY WAYS

Como 'The Eternal Road', este viene en inglés, y abajo, la traducción. ¡Disfrutadlo!
SANDY WAYS

Give me some water. The desert made me thirsty, and now I am staring at the road which arrives to my night. I'm walking, slowly, moving with the mild wind, I am running slow through this sandstorm while I cover my dying eyes under a black broad brimmed hat which is shaking because of the beats of my devastated heart. Feel the empty punches, hear the sweet voice of  fate calling from the shady final line, touch with the fingers the pricks of the storm. My eyes keep guessing something beyond the dunes, my eyes keep following the sound of the harmonica when I walk without pause through the road. I stay here, fighting with my step the fury of the desert, the loneliness of my soul. My hat never leaves me, it is with me in this clash against the gale, and my cape follows me with its wavy dance. Black clothed guy in a trudge against the big golden, two dark leather boots slapping the sand, this is my struggle, against the dark edge of the horizon.

PASOS DE ARENA
Dame un poco de agua. El desierto me ha vuelto sediento, y ahora estoy mirando la carretera que llega a mi noche. Estoy caminando, lentamente, moviéndome contra el viento suave. Estoy corriendo despacio a través de esta tormenta de arena mientras me cubro los ojos debajo de un sombrero negro de ala ancha que se agita por los latidos de mi corazón devastado. Siento los puñetazos vacíos, oigo la dulce voz del destino llamando desde la línea tenebrosa del final, toco con mis dedos las punzadas de la tormenta. Mis ojos aún adivinando algo más allá de las dunas, mis ojos todavía siguiendo el sonido de la armónica remota cuando camino sin pausa por la carretera. Sigo aquí, luchando con mi paso la furia del desierto, la soledad de mi alma. Mi sombrero nunca me abandona, sigue conmigo en esta pelea contra la ventisca, y mi capa me sigue con su danza ondulada. Un tipo vestido de negro contra el gran dorado, dos botas oscuras de cuero abofeteando la arena, esta es mi lucha, contra el filo oscuro del horizonte.

domingo, 20 de septiembre de 2015

RAGED OCEAN


No sabía qué escribir, cerré los ojos y recibí esta racha de viento huracanado cuando aporreé el teclado. La escribí mientras escuchaba 'You and me- Flume remix', de Disclosure, y una versión de saxofón de 'Stay with me', de Justin Ward. Vaya... espero que lo disfrutéis, como yo lo hice al escribirlo :) .

RAGED OCEAN

(Mar Enfurecido)

Huracán bailando. Arrasando la tormenta, extendiendo sus chispas acuáticas. Sacudiendo la tierra, regando cada pedazo de tierra, cada lágrima de niño. Tú me abrazabas. Tú me abrazabas, y todo iba bien, pero entonces te convertiste en una bestia que era capaz de arrastrar el mundo al océano profundo, y me dejaste solo, indefenso contra ti, y yo no podía hacer nada para poder volver a abrazarte. Tú me apartabas con tus brazos de viento agresivo. Tú me ahuyentabas, me apartabas de un manotazo cuando yo intentaba susurrarte al oído, que pararas. Que detuvieras esa carnicería que empezaste por los cielos, y que dejaras al hombre que te ama tranquilo, en su casa, para que pudiera sentarse un rato en el sofá sin sentir tu filo amenazándole.

Yo antes era tu mano compasiva, era aquel hombro en el que te podías apoyar cuando una lágrima asomaba en tus ojos delicados. ¿Qué cambió? Por qué insististe en volverte arrogante, fuerte, y desdeñar cada vez que yo te ofrecía mi hombro para consolarte. Por qué insististe en marcharte, cogiendo tu equipaje y cerrando la puerta de un portazo… Dejarme con una lágrima cayendo al suelo,  dejarme con una mano extendida hacia la puerta, dejarme desamparado frente al mundo que siempre me prometiste que negaríamos juntos. Yo no te pedí nada de esto. Yo solo quería compartir mi vida contigo, y que los otros se dieran con un canto en los dientes cuando intentasen separarnos. Yo te amo. Ven conmigo. Quiero estrecharte en mis brazos, quiero ser yo el que llore en tu hombro, quiero abrazarte y que tú me susurres al oído unas palabras de consuelo, diciéndome que no tienen razón y que juntos lo superaremos. Por qué te volviste tan atroz, tan vendaval, tan huracán, yo te amo, para, ya.

domingo, 13 de septiembre de 2015

ALGUNA VEZ, SEGURO

Esto no es un relato, sino una enumeración de sucesos, por lo cual
considero innecesario poner un título definido. 'Alguna vez, seguro' es
solo un apelativo creado para que podáis reconocer la entrada.

Estoy casi seguro de que alguna vez os habrá pasado alguna de las cosas que voy a enumerar a continuación:

-Ves a un francés pedir Orangina en un bar fuera de Francia y, en el caso de que conozcan qué es esa cosa y no pongan cara de asombrados, le dicen que no tienen.

-Alguna vez has visto la foto de perfil de un amigo tuyo  con una chica muy atractiva... posteriormente, descubriste que era su prima.

-Intentas zanjar una discusión con tu madre con la primera frase que se te viene a la mente, intentando defenderte... y tu madre aprovecha esa frase para sacar otro mundo de ella y seguir relatando. Pero, ojo: sabes cuándo vas a tener que sentarte y ponerte cómodo cuando dice la frase 'Sólo voy a decir una cosa'.

-Esta escena se quedó grabada en tu memoria. Puede que incluso sea un poco traumática. El hombre o la mujer de blanco esgrimiendo una cosa rara y puntiaguda. Te dice que no te va a doler nada. Dicen que eso es una 'vacuna', pero claro, eso tú no lo sabes hasta que no te apuñalan en el brazo para 'curarte' de 'cosas malas', y tú te retuerces de dolor mientras el apuñalador te ofrece una piruleta con una sonrisa inocente.

-Quedas con amigos a una hora, pongamos, a las 5. Sí, es una buena hora para quedar. Bien: es muy probable que lleguen, diez, veinte, treinta minutos tarde. La verdad, sería fantástico actuar en consecuencia y llegar tú también 'un poquito tarde'... pero, por desgracia, tienes un reloj. Y lo que es peor: acostumbras a mirar qué pone.

-No sabes con precisión cuándo ocurrió. Qué fatídico día de tu vida, en concreto qué comienzo de curso, los profesores empezaron a decir una dogmática frase: 'Comportaos, que ya sois mayores'.

-Estás viendo una peli. Los dos tortolitos que sabías desde el principio que iban a tener una relación de fluidos bucales se van a besar por fin. Y, en ese preciso momento en el que tú ya te sientes participando de su amor eterno, suena el móvil de ella. Refunfuñas y te preguntas por qué otra vez, ingenuamente, te has llegado a plantear que se iban a besar a la primera.

-Cuando en el bar te sirven una tapa de aceitunas y tu albergas una remota esperanza de que las aceitunas no tengan hueso. Te llevas una gran decepción en el fondo de tu ser cuando te das cuenta de que lo tienen, al mismo tiempo tiempo que te preguntas por qué no te las sirven sin hueso...

-No poder evitar esbozar una sonrisa cuando alguien que habla muy culta y correctamente pide disculpas por decir una palabra de 'excesivamente grotesca condición', cuando tú usas esa palabra como si estuviese en tu ADN.

Es muy probable que no os hayan pasado estas cosas... son simplemente cosas que me pasan a mí, y que creo que nos ocurren a todos, así que puede ser o no que coincidamos. Espero que os hayáis reconocido en alguna, ¡y hasta la próxima semana!

domingo, 6 de septiembre de 2015

AFILADO

Recién escrito. ¡Disfrutadlo!

AFILADO
Quizás es que no tienes tiempo para venir. O quizás quieres ponerme a prueba. ¡Quién lo diría! Quién diría que estoy bastante loco como para irme a la quinta puñeta para verte. ¡Quién lo diría! Aunque, la verdad es que, si ya de por sí estoy ido, tú me vuelves más aún. 
¡Sí! Coger un barco. Una vela, una tabla de surf. Desprenderme de todos mis intereses solo para alzar una copa en honor de los nuestros. Un tren. Un avión. Un parapente. El filo del riesgo afeitándome suculentamente el cuello mientras vuelo a donde me digas que estés. Volar sin alas, nadar sin aletas, recorrer todo el mundo solo con mi simple ira para encontrarte. Incendiarme cuando el único fuego que hay es el del cielo cuando mi mente se encuentra con tu imagen. Ver como las lenguas bailan enloquecidas mientras yo corro, con la ropa hecha jirones, adonde tú me digas que me esperas.
Un caballo. Un dragón. Una Harley-Davidson que en mis manos sea un accidente seguro. Una carretera fugaz que mis ojos devoren con avidez, siempre yendo a tu norte. Un sol que nunca llegue a la línea dorada del horizonte, un reloj de arena cuyos granos dejen de caer por miedo a la rabia. Una espada oscura, indefinible, incorregible, imparable, cuyo único objetivo es matar a la marioneta para hacer explotar el corazón del hombre.
Mátame, haz jirones mi camisa cutre, destiérrame y llámame de nuevo. Que se queme el mundo mientras nuestras miradas se funden, cada una desde su infinito, en un cóctel de fuego chispeante. Zigzag, zigzag, que la Harley se tambalee por la carretera a la velocidad de la luz, con la tierra en llamas. Que los neumáticos rechinen, que las llantas se derritan en medio de un vendaval de chispas, y la moto estalle después de que yo salte, para caer frente a tu puerta.
RF

viernes, 4 de septiembre de 2015

PISCOLABIS DE LA ESCISIÓN II

La primera entrega de esta saga no me pareció que tuviese suficiente calidad como para ser publicada... esta, sin embargo, creo que lo merece. ¡Para comprender esta segunda entrega del 'Piscolabis de la Escisión', es fundamental que os leáis la entrada 'Intro del Piscolabis de la Escisión'! ¡Disfrutadla, y decidme qué os parece por los comentarios!

PISCOLABIS DE LA ESCISIÓN II

16.25h del viernes 26 de junio, según el reloj colgado encima del ascensor visible para todos. A las seis hay un recital de relatos cortos, poesía y demás en un taller de escritura, al que voy a asistir por la invitación de un buen amigo mío. Estoy seguro de que sería un bombazo llevar bocaditos de pollo a tal reunión literaria, y yo quedaría cual caballero, así que aquel día mis ansias de victoria eran particularmente agresivas.
16.26h. Todos se apuran para terminar sus tareas, problema que yo ya no tengo, ¡ja! Ya he guardado mi ordenador y mis papeles en un cajón cerrado con llave en mi mesa, como dicta el reglamento cuando acaba la jornada. Tengo en el cuerpo cinco bebidas isotónicas cuya marca no pude observar bien pues simplemente pedí al empleado cinco unidades de lo más fuerte que tuviese, así que ahora mismo estaba a cuatrocientos por hora. Además, para la batalla de hoy me había pertrechado con un chaleco antibalas, para evitar dardos somníferos, experiencia que en la semana pasada me condujo a la derrota. Mi estrategia iba a ser ir directamente a los bocaditos, procurando evitar los ataques enemigos más que distrayéndome estorbando a mis enemigos.
16.29h. Todos en sus puestos. Susan Jenkins ha cambiado sus tacones azul cobalto por deportivas. Gigonni se muestra misterioso, así que supongo que estamos condenados a alguna perrería. Anderson se agita nervioso en la silla, con un boli en la mano. Susan y yo nos cruzamos una mirada. Me lanzó un beso seductor. Hoy, más que nunca, debo velar por mis futuros hijos. ¡Oh, TOS! ¡A ver si tus advertencias a Susan respecto al favorecimiento de nuestra fertilidad han sido útiles!...
16.30h en el reloj. Un estrépito inaudito retumba mientras nos levantamos al unísono de nuestras sillas. Anderson apunta con su bolígrafo hacia un papel situado debajo de la alarma de incendios, escondido bajo el tumulto de la plantilla. Pero yo, mientras corro hacia la puerta, lo veo, y veo un haz de luz potente saliendo del boli dando en el papel. Empieza a salir un humo del papel Oh, Dios, ¡mío! La alarma va a saltar en tres, dos, uno...
-¡RIIIIING!
¡Esta vez Anderson ha sido muy original, poniendo en práctica una táctica no vista hasta ahora! Ahora, todas las demás estrategias que precisasen un ambiente seco para ser ejecutadas quedaban inválidas ante el chapuzón de los aspersores. Oigo un chillido agudo de fémina. Mientras sigo corriendo, pues a mí no me afecta el agua, me giro para ver quién ha gritado. Es Susan, con un vestido azul nuevo (nos lo dijo esta mañana) calado. Está mirando a Anderson furiosa, dedúcese que ya se había dado cuenta del causante de la hecatombe.
-¡Anderson! ¡Te voy a arrancar el miembro!
Él, pobre, se pone blanco de terror, preparándose para el atentado contra sus partes sensibles. Yo comparto el color, pero continúo corriendo hacia la puerta, con el agua repiqueteando por todas partes, para evitar que Susan se fije en mí. Cuando llego, la empujo frenético. Nadie se fija en mí, pues tradicionalmente la primera parte del Piscolabis de la Escisión es incapacitar a los demás. Al menos, eso creía, cuando escucho un grito alegre de Gigonni, sobresaliente entre la algarabía general.
-¡De nada, Towers!
Nada más abrir la puerta de par en par, una tarta gigante cae de algún lugar no identificado y me derriba, quedándome espatarrado en el suelo bajo una mole de repostería gigante a dos metros de las escaleras.
-¡Hijo de tu madre!-grito furioso, intentando que mis palabras esquiven toda la nata alrededor de mi boca para salir a la luz.
A pesar de este incidente hipercalórico, me incorporo rápidamente, limpiándome asqueado con las manos. Sé que puede pareceros fácil quitarse una tarta de encima, pero creedme, aquella era una tarta muy grande.
De repente, oigo un pitido, de otra parte no identificada. Me cae un cubo de caramelo en la cabeza, empalagándome. Luego, mi madre se quejará de que a veces no soy dulce, debería verme ahora.
-¡Para acompañar!-grita Gigonni.
Ahora que tengo un cubo de metal en la cabeza, oigo unas pisadas veloces hacia donde yo estoy. Oigo la risa de Gigonni mientras me empuja hacia un lado para bajar las escaleras, pero algo sale mal y oigo su cuerpo golpeándose contra los escalones hasta aterrizar en el rellano, mientras grita de dolor.
-¡Has sido tú, imbécil!
-No, no he sido yo-digo, con fruición calmada, quitándome el cubo de la cabeza, dejando a la vista una cabeza que podría compararse a una manzana asada untada de caramelo-Pero desde luego me ha servido.
Voy corriendo hacia las escaleras, emocionado, pero piso un charco de algo resbaladizo y aterrizo en el mismo rellano que Gigonni, aplastándole. Gime de dolor, mientras se retuerce en el rellano. En el suelo, con un punto de vista horizontal, veo a la señora de la limpieza bajando con cuidado y sin caerse los escalones.
-¡Hasta luego, pringaos!-ríe, mientras baja con gracileza cada uno de los escalones. ¡Había puesto brillantina antes del primer escalón!
-¡Has sido tú, Hermenegilda!-grita Gigonni con voz agonizante y furibunda- ¡No sabía yo esto de ti!
Hermenegilda, por supuesto, no se amilanó con el comentario del becario, y siguió bajando las escaleras mientras reía alegremente. Yo, por suerte, no me había hecho mucho daño porque Gigonni había amortiguado mi caída, así que me levanté y comencé a echar una carrera a Hermenegilda, con una ingeniosa ventaja por su parte. Por suerte, es casi una anciana, así que tenía el poder de la juventud conmigo. La sobrepasé enseguida, oyendo detrás de mí maldiciones y otros comentarios más obscenos sobre mi señora madre. Bajé rápido las seis plantas que separaban la oficina de la planta baja, donde estaba el Piscolabis (las otras cinco plantas corresponden a otros negocios, cuyos responsables no quieren tomar parte de, según ellos, 'nuestros actos inmaduros'). ¡Oh, Dios mío! ¡Hoy iba a ser mi séptima victoria en el Piscolabis de la Escisión!
Empujé la puerta que separaba el rellano con la planta baja. Había un pasillo enorme, que interconectaba varias salas que entraban fuera de la jurisdicción del señor Bateman, y al fondo, estaba nuestra sala. Tenía la puerta doble abierta de par en par, y la fuente de bocaditos de pollo relucía como si de oro puro se tratase. El silencio del fin de la jornada laboral abarcaba toda la planta. Nadie estaba. Solo la fuente, yo, y los restos de tarta y caramelo sobre mí. Reí de felicidad, y emprendí la carrera final hacia la fuente. Cuando de repente...
-¡No tan deprisa!-oí una voz a mis espaldas.
Evidentemente, esto no era una película, así que pasé del pardillo que estuviese recitando ese cliché. Continué corriendo, reticente a tal voz, pero de repente, una pelota de tenis me dio en la cabeza, tirándome al suelo.
-¡Eh!-grité indignado. Oí la risa de Anderson acercándose- ¡Anderson! ¿No deberías estar gimiendo de dolor por el Apocalipsis Jenkins?
-¡Ja!-rió él, suficiente-Susan está durmiendo como un angelito, bajo el efecto de uno de mis dardos.
He de decir, que por una vez, sentí un poco de agradecimiento hacia Ronald Anderson en el Piscolabis de la Escisión, pero dadas las circunstancias no consideré necesario expresarlo. En vez de darle las gracias, cuando pasó a mi lado, estando tumbado yo le puse rápidamente la zancadilla, pegándose el sujeto un castañazo digno de película. Me levanté, dispuesto a continuar la carrera hacia el Piscolabis. Al pasar al lado de Anderson, sin detenerme, me agaché y le propiné una colleja que sonó al encajar perfectamente en la nuca. Me reí de él para que lo oyese y seguí corriendo, hacia la mesa de aperitivos. Cinco metros. Cuatro. Tres. Uno. Toqué la fuente. El señor Bateman, que siempre se queda para declarar al ganador (y para picar algo, incluso puede coger algún bocadito de pollo, pero sin excederse, por respeto al ganador), cuando me vio dibujó una sonrisa en su cara. Llegué, cogí la fuente y la alcé por encima de mi cabeza con la mano derecha. Reí de éxtasis, mientras aspiraba el aroma de los bocaditos de pollo. Se abrió la puerta del rellano, y aparecieron varios de mis colegas, con caras de sorpresa y frustración. Al verme, se pararon en seco y adoptaron una expresión de estupefacción. Oí que el señor Bateman tomaba aire para hablar.
-Habéis llegado tarde.-cogió mi mano libre y la alzó- ¡Ken Towers queda declarado campeón por séptima vez del Piscolabis de la Escisión!

FIN