Odio a primera vista

Esto es fresco, nuevo, iracundo, furio... estoy hablando demasiado; tres, dos, uno, disfrutadlo :).
Odio a primera vista
Nada más verla, la odié. Nada más verme, puso una cara de asco espeluznante. Me presento, soy Fran, y ella, mi más cruda némesis, es Sarah. Ambos supimos, nada más vernos, que nada nos sentaría mejor que ver sufrir al otro, y esa es la causa de todos los desastres que vienen sucediendo en los últimos meses de mi vida. En cuanto a ella, ¡he!, su vida también ha dado un vuelco peligroso. Pero, dejémonos de chácharas introductorias, vayamos al meollo de esta gran historia de emociones, esta experiencia de odio a primera vista.
Desde el principio dedicábamos todo el tiempo de las clases a mirarnos con odio indisimuladamente, pero ella fue quien comenzó la batalla sin tapujos. Se hizo amiga de la chica que me gusta y la manipuló para que pensase que yo era una especie de psicópata machista anoréxico con serios problemas de autoestima. Desafortunadamente, se corrió la voz de estas cosas, y excepto la gente que me conoce de verdad, los otros siempre recelaban cuando les pedía un mechero para encender el pitillo; sabían que era un rumor falso, pero digamos que no ha tenido una buena repercusión en mi imagen.
Pero, yo, amigos, ¡ha, ha!, no os creeríais que iba a quedarme de piernas cruzadas. Yo preparé un segundo round mezquino, ruin, miserable, dantesco, horripilante, aberrante, armagedónico. Le escondí los apuntes el día de antes del examen global de física: gracias a mí, pasó unas Navidades de maravilla estudiando para la recuperación, no solo estudiando los apuntes; también haciéndolos, porque yo se los había escondido a mala idea y no podía encontrarlos.
A la vuelta, ella estaba muy enfurecida, de manera que me puso clavos untados de alguna sustancia extraña en el respaldo de la mochila y, cuando me desperté, estaba en el vestuario de chicas del colegio en calzoncillos. No se lo tomaron a bien, ni ellas, ni el colegio, me expulsaron una semana, y de milagro que no fue definitivamente, porque mostré arrepentimiento.
Yo estaba realmente enfadado por esta última treta, y sentía como si una bola helada de fuego me rebotase dentro del pecho: era la venganza, tentándome. Para que se diese cuenta de quién mandaba allí, la drogué con un somnífero en su botella de agua y, una vez dormida, la llevé a una cabina del cuarto de baño de los chicos, y la puse sentada en el váter con una nota en el pecho que decía 'Fóllame, solo más de 20cm'. Esto fue un auténtico escándalo, y yo estaba plenamente satisfecho por el dulce sabor de la venganza, complaciéndome.
Pero el caso es que ella estaba psicopatizada completamente por la última trastada y quería fervientemente darme un escarmiento definitivo: yo procuré tener cuidado, pero no pude hacer nada cuando el vídeo conmemorativo de final de curso fue sustituido por uno en el que salía un montaje horroroso fotoshopeado de mi persona con falos, vaginas sin mujeres y más elementos obscenos por el estilo... incluso el profesor que no se reía nunca se rio, joder...
Esto era el colmo. Ambos habíamos arruinado nuestra reputación a no poder más, y los dos estábamos ya con cuchillo en mano: había que resolver aquello, de una manera, y ya. Pero no estábamos dispuestos a ser transigentes, indulgentes, con el otro, ¡nooooo!, había que acabar nuestro odio de una manera tan apoteósica que todo el mundo hablase de nuestro odio como algo histórico. Así pues, quedamos para hablarlo y tal, porque había que llegar a un acuerdo de cómo debía ser la batalla final. La cuestión es que en cierto momento de la conversación se abalanzó sobre mí y comenzó a morrearme, sin causa aparente... yo, dominado por un extraño instinto animal, le seguí el juego, una cosa llevó a la otra y... ya me entendéis. Ya al terminar el acto sexual, ella se fue a fumar un cigarrillo mirando por la ventana abierta la ciudad dormida.
-Y, bueno, esto ha estado bien y eso... pero hay que hablar sobre cómo vamos a zanjar este odio eterno de una vez.
Ella, entonces, se apartó el cigarrillo de la boca y se giró.
-Fran, cariño.-me sonrió-Tienes sida.

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