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Mostrando entradas de noviembre, 2015

Visiones

Visiones Los vientos violentos golpean en las caras
no he de esperar mucho tiempo hasta que mi piel se vuelva rubí
si sigo por el mismo camino que mi cabeza quiere abandonar
pero mis propios nervios insisten en perseguir.

Los temblores temblantes asendian las almas
y no habré de esperar mucho tiempo hasta que la realidad se desmorone
en piezas paranormales e incomprensibles
pero mis pasos siguen sentenciando el tiempo a través de la nieve.

Los fuegos fulgurantes restallan como las catorce lunas del cisne,
pero el fénix de plata jamás caerá,
y su cuello a cada quemadura volverá a vigorizarse
en células regias de valor.

Los caos caústicos seguirán quemando el borde de nuestros relojes de mano
el oro humeante se desliza por nuestras manos hirvientes
cae al suelo y se forma una nueva vida de resplandor
cuando cada gota encuentra su auténtica unidad.

Las tormentas de tormentos continuarán retumbando cerca de nuestro oído,
los rayos asolando nuestras jóvenes púpilas,
inmortalizando en un …

Clavos viscerales

Clavos viscerales La noche me droga... hace ya tiempo que rebusco entre mis costillas ensangrentadas, pero no hay más que polvo tiznado de rojo. Aquí sigo, en un lecho cuyas plumas no conozco, viendo ángeles revoloteando a mi alrededor cuya cara no me suena. ¿Quiénes son, estos seres? ¿Son acaso sombras de lo que fui, y yo ya no me acuerdo? ¿Me he despertado de una ilusión en la que todo el rato me estaba imaginando a mi mismo? Hinco mi mano en el pecho, buscando entre las vísceras, y no hay nada, solo infinitos ramilletes de huesos y nubes de sangre. Mi mano ha sido teñida con los colores del crepúsculo, y jamás podré darles la espalda. Toda mi vida, todos mis días, mis noches y los espacios ocultos que haya entre ellos, me recordarán esta mano enfrente a mí, con las líneas confusas y una lectura imposible. La cara me escuece. Son los ángeles, que de cestos de mimbre, están tirando espinas untadas de ácido, y estas se clavan por todas partes. Desgarran el colchón, me perforan la pie…

Nigrociante

Nigrociante. -Una piel humana, ¿sí?
-Sí.
El hombrecillo de pelos alborotados se introdujo en la trastienda, dejando a Jon esperando. Este, al verse solo, miró a su alrededor, curioso. ¡Cuántas cosas extrañas había!  Ojos, plumas, bolas mágicas, bastones de mando, máscaras tiki... Lo que más le llamó la atención fue una misteriosa pócima morada que colmaba un tarro grande en una mesita rococó, de una textura grumosa y brillante. Jon intentó tocarla, pero, para su sorpresa y terror, su mano se abrasó al acercarse. De repente, el hombrecillo volvió de la trastienda, y no pareció sorprenderse al ver a Jon lamerse el dedo índice. Miró al tarro y rio con unos chilliditos maliciosos.
-Veo que has intentado hincarle el diente, ¿eh?-sus dos ojos brillaron como chiribitas tras los cristales de las gafas de esquí-No te molestes, se protege por su propia fuerza.
Jon quiso preguntar qué era, pero se inhibió al ver que el hombrecillo echó una manta negra encima del tarro, para evitar que lo viese.

Madre

Madre Una pluma letal traza su suave línea de tinta por la tierra. Una grieta oscura se abre en el suelo resquebrajado y engulle a los hombres. Últimamente, me siento sentado en las sombras. ¿Estoy en ella, en la grieta? Miro hacia arriba, y hay luz, pero no puedo levantarme para alcanzarla. Hay cadenas oscuras, invisibles, intangibles, que me fuerzan a permanecer unido al suelo. Oh, mi nebulosa. La estrella fugaz inmortal, detenida en mi retina, sin nunca apagarse, sin que nunca se extinga su estela de diamantes. La que me hace sentir en una hamaca tendida entre ninguna parte, la que me hace eclipsar el sonido del vacío con mi propio latido. Tendido, con los brazos en el fondo del abismo, hundiéndose. Espera. Veo. En una pirámide del color del acero, con un complejo entramado laberíntico, hay una infinita red de trampas para quien intente saber cuál es el secreto de la pirámide. Dentro hay un hombre. Montañas. Montañas de libros. Triángulos, hexágonos, heptágonos, las imágenes retru…