viernes, 31 de julio de 2015

EL DRAMATURGO

Relato fresco, violento, agitador. Espero que empaticéis con la ira de los protagonistas, y vosotros también, por un momento, queráis matarle.
EL DRAMATURGO

Aporreando a las puertas del cielo. Con las ráfagas de balas rozando nuestra alma. Las andanadas de rayos, con su fuerza ciclónica, amenazan con abatirnos. Los torbellinos de relámpagos resplandecen en un amanecer eterno, mientras el cielo se acolcha de algodones negros. Ciclones. Tormentas. Detente, dramaturgo, y no condenes más la existencia humana con tus tragedias luctuosas. Nosotros no hemos hecho nada para merecer el destino cruel de tu pluma, nosotros no hemos pedido tu sonrisa afilada de destrucción. Te agitaremos desde abajo. Te sacudiremos, te golpearás y amoratarás por todo tu cuerpo por las paredes en grietas de tu habitación celeste.
Tus múltiples obras de teatro mágicas se apilan en centenares de anaqueles que se funden con el tiempo, en un frangollo de predicción acertada que fue condenado a nuestra raza con el paso de los milenios. 
¡Tus risas de complacencia vil no hacen sino llamar al fuego de nuestros corazones! ¡No huyas! ¡No puedes! ¡Te daremos caza aunque tengamos que viajar con nuestras alas de bronce al infinito! ¡Cobarde! ¡No nos dejes aquí, parados en seco, observando tu rastro interminable de sangre seca, y revela su origen para que podamos clavar nuestro arpón más calcinante en tu  diabólico corazón!
El vacío en el que esperamos tus respuestas se acaba. Aunque nos quedemos sin que contestes a nuestras preguntas, merecerá la pena, con tal de verte languidecer, volverte de piel marmólea y aflojar tus dedos tenaces de escritor. ¡Bastardo! ¡Estás muerto, ¿nos oyes?!

lunes, 20 de julio de 2015

ESTRELLAS ROTAS

Recuerdos que se funden con el alma más irracional y la noche del rayo oscuro.
Filosofía ilegible, y agua de la lluvia que baila como ácido. Puede que exista alguna clave...

ESTRELLAS ROTAS

A lo lejos, titilan unas estrellas rotas que caen lentamente a algún pozo infinito donde nadan entre el agua cristalina. Salgo del bosque de las sedas de roble que ondean provocativas, alhajas brillantes mojadas que enternecen, y un tesoro de perlas que ilumina las almas más perdidas. En mi corazón hay una grieta que necesito tapar, antes de que la sangre huya de mí y me arrebate a mí mismo. No quiero que mi mortaja sea falsa, mentirosa, aunque lo será si nadie prende una vela en la oscuridad. Voy a contemplar las estrellas rotas y voy a intentar cogerlas al vuelo. Intentaré que mis manos se fundan con el universo mientras me asgo a las estrellas para no caer al vacío del acantilado. Las olas golpean pusilánimes las rocas. Mis lágrimas brotan hacia alguna floristería anónima, mientras mis manos de tinta se derriten por un frío punzante. Los cuadernos rechazan mis palabras y los relojes no me enseñan la hora. Llueve, en esta noche polar poblada de estrellas en caída libre. La lluvia tiende un velo sobre la realidad, y no veo nada. Todo es una mancha borrosa. Todo es una ilusión de lo que fue en algún día la búsqueda de la felicidad. ¡Nada tiene sentido en esta borrasca! Nada tiene sentido sin ti.


sábado, 18 de julio de 2015

LA AGONÍA DE LA TABERNA

Qué deciros, público. Cuando llegue el momento, ¡podréis atar cables! Hasta entonces, podéis mirar otra pieza del rompecabezas...Esta es una actualización.
LA AGONÍA DE LA TABERNA


El olor resulta familiar... no le gusta a nadie. Es comprensible, por eso solo unos pocos se aventuraban a hacer visitas.
Unas patillas invasoras entraban en su cara. Un pelo canoso peinado hacia atrás, con su misma grasa sosteniéndole, brillaba a la luz eléctrica de la taberna, con dos finos mechones cayendo por el lado derecho de la frente. Unos ojos marrones y pícaros, que hacían juego con su piel morena manchada. Una nariz prominente y una sonrisa deteriorada... definitivamente, la cara de Corsario le valía su apelativo. De hecho, ningún cliente de los que frecuentaban su tugurio supo jamás de su nombre. Era alguien excéntrico, raro, estrafalario... pero sabía llevar un bar, y con eso se ganaba la vida. Conversaba, si alguien en la barra le daba conversación. Siempre fregaba una jarra de cerveza mientras se reía de lo que contaban sus clientes. Era un buen tabernero... Con un olor que dejaba de ser nauseabundo si te acostumbrabas, pero pocos lo hacían.
Jim entró desanimado en la Barraca Borracha. Acababan de despedirle, y quería ahogar las penas en una jarra bien fría de ron. Se apoyó en la barra y exhaló un hondo suspiro.
-Una birra-voceó, intentando ser, a pesar de su tono, amable.
No oyó ninguna respuesta. La barra parecía desierta... ¿Dónde demonios estaba aquel hombre?
-Una birra, Corsario, venga, que no tengo todo el día-dijo Jim, impacientándose.
Escuchó un gemido débil, como un vago estertor, al otro lado de la barra. Debía estar por debajo del nivel de esta, lógicamente, pues no veía nada. Dada la deducción, se asomó, apoyándose en los brazos, al otro lado. Corsario se retorcía en el suelo, con los ojos semicerrados, moribundo. Respiraba con dificultad.
-¡Corsario!-gritó Jim, alarmado. Saltó a donde Corsario estaba y se inclinó sobre él-¡¿Qué ha pasado?!
-Agentes... sombra...-articuló con esfuerzo.
-¿Agentes? ¿Sombra? ¿De qué estás hablando? ¿Ellos te han hecho esto?
El moribundo asintió, con los ojos en blanco, en un movimiento que pareció captar toda su energía vital. Jim sacó rápido el teléfono, y pidió una ambulancia. Dijeron que la enviarían inmediatamente. Colgó, devolvió el móvil al bolsillo y continuó prestando atención a Corsario.
-No te preocupes...-dijo, intentando disimular su nerviosismo sin éxito-Te pondrás bien.
Corsario puso una cara que pretendía negarlo.
-Veneno... rápido...-gimoteó- ve...circ...fur...
Jim estaba alarmado. Llegó la ambulancia. Corsario aún respiraba, con los ojos ya cerrados. De repente, Jim oyó al médico.
-Este no es nuestro asunto. Llamad a homicidios.
Muerto. Sin sangre. Había dicho veneno porque sabía que había sido asesinado con una sustancia letal... y por lo que había dicho, rápida. Jim se quedó pensando, mientras se alejaba de la Barraca Borracha, para volver a su casa. ¿Quién le habría podido querer matar? Tenía fama, al contrario que sus clientes, de persona pacífica, y en la pequeña ciudad gozaba de tal reputación; y aunque la gente no quisiese frecuentar su local, lo respetaba. ¿Quién habría podido querer matar a tan respetable hombre...?
Pero lo que sacaba a Jim de quicio era aquel conjunto, o, añadiendo y quitando pocas letras, conjuro: ve-circ-cab... Ninguna palabra. Ningún detective, ¡ningún procedimiento policial...!, podrían determinar qué significaba aquel conjuro del demonio. Ve-circ-fur... ¿Qué narices podía significar...? 

miércoles, 15 de julio de 2015

LOS AMANTES FALSOS

Los últimos casos de violencia de género me han inspirado para escribir un texto en tono de protesta contra este crimen, contra el que, en mi opinión, urge luchar... un texto, en mi opinión, desasosegante, agresivo e inquietante. No busco que disfrutéis con esto... simplemente, sacudiros el alma.

LOS AMANTES FALSOS
-No.
La abofeteó.
-¿Qué has dicho?-gritó furioso.
-He dicho no. No me callaré. Ya no te aguanto más.
-¿Y qué si no me aguantas? ¡Te vas a quedar aquí por mis cojones!-replicó agresivo.
-No voy a quedarme callada más tiempo...-dijo ella, desafiante.
Claudia sabía que aquel momento era nuevo. Evidentemente era tenso como ningún otro momento lo había sido, y se enfrentaba a él desde la inexperiencia. Sólo instinto. Sólo instinto de supervivencia...
-¿Ah, sí? ¿Y sabes qué voy a hacer yo si tú no te callas...?-hizo una pausa dramática, con una sonrisa desencajada y unos ojos desorbitados-Voy a coger el cuchillo más grande y afilado que tengamos... voy a meterte en el maletero del coche y voy a conducir hasta algún descampado donde nadie pueda oírte... entonces voy a agarrar el cuchillo bien fuerte ¡y te voy a rajar de arriba a abajo como a un conejo!-gritó, con saliva borboteando de las comisuras de los labios- ¡Voy a sacarte todas las tripas mientras aún sigas viva hasta dejarte desangrada! ¡Y nadie... nadie va a oír tus últimos gritos! ¡Vas a morir sola! ¡Me voy a manchar las manos de tu sangre y luego me chuparé los dedos! ¡Eso es lo que va a pasar si no te callas...!
Claudia se preguntó en aquellos momentos, mientras una lágrima amenazaba con despedazar su semblante inexpresivo, qué la había impulsado a enamorarse, firmar un contrato de pareja e irse a vivir con un enfermo de la cabeza semejante. Ese hombre... ese hombre, por guapo y atractivo que fuese, no estaba bien de la cabeza. ¡En qué estaría pensando! Claro, que en los primeros días, él todavía fingía ser alguien pacífico y perfecto, como cualquier desea...
-No serías capaz-susurró Claudia, en voz apenas audible, pero desafiante.
Hugo rio, despectivo. Aquella debilucha... ¿le estaba retando?
-No sabes con quién estás jugando, ¿verdad?-dijo, con una malvada sonrisa, mientras se acercaba lenta e intimidatoriamente a ella.
Claudia comenzó a retroceder hacia la mesa del escritorio del salón. Ahora sí estaba asustada. Ahora, en vez de los moratones, se podría llevar algo de mucha más magnitud, como es la misma muerte.
-No hagas locuras. Todo el mundo te conocerá como un enfermo mental. Así es como saldrás en el telediario.-le advirtió.
-Me da igual lo que diga el mundo. Estoy hasta las narices de ti, y de tu chulería. Esto debe acabar ya.
Hugo agarró una botella de cerveza vacía de la mesa del salón, donde hace apenas media hora habían comido los dos, casi como si fueran una pareja normal. Casi como si lo fueran... Hugo, entonces, con la botella cogida firmemente, alzó el brazo, y energéticamente, lo bajó, impactando la botella estrepitosamente contra el borde de la mesa. Ahora, en vez de ser el resquicio de una comida, era un arma letal.
-No lo hagas... 
Alzó el brazo lentamente hasta la cintura.
-¡Basta!-lágrimas empezaron a brotar de sus ojos.
Hasta el hombro.
-¡Basta ya!-rompió a llorar.
Encima de la cabeza. Risa desencajada.
-¡No! ¡No! ¡No!
Estaba contra la mesa del escritorio, acorralada por aquel monstruo humanoide. Pocos segundos la separaban de la guadaña final. Era su vida. Y estaba en manos de alguien horrible.
Supervivencia. ¡Flash! Instinto. El tigre en la selva. Si se deja atrapar, morirá. Claudia, enloquecida, buscó con la mano algo en la mesa punzante. Quedaba menos para el paso mortífero. Sus ojos se clavaban en los de su agresor. Y la mano, a ciegas, palpitaba mientras buscaba frenética algo afilado. 
Entonces, encontró algo. La pluma. La pluma con la que firmó su acuerdo de pareja. La asió, con la fuerza de la locura, y demasiado rápido para el ojo humano, la clavó en el pecho de Hugo. Los ojos de él se vaciaron, mientras su boca se abría, intentado aspirar bocanadas de vida, como si sirviese de algo. Dio un gemido sordo, como aquel que se queda sin voz por la visita de la parca. Claudia retiró la mano, horripilada, por lo caliente que estaba su sangre. La pluma yacía enterrada en el pecho de aquella criatura indigna de ser calificada humana. Él cayó, primero sobre las rodillas, y luego sobre todo su cuerpo. Y, finalmente, dio su último aliento. Con la boca abierta. Con los ojos abiertos, como si su cara se hubiera paralizado en el tiempo. Ella respiró, por una parte aliviada porque había logrado restituir su seguridad, pero por otra parte con la inquietud de haber matado a alguien. Era alguien que para ella no merecía vivir, pero era alguien. Aunque, en realidad, ¿por qué debería arrepentirse?, pensó. Al fin y al cabo, él hubiera hecho lo mismo si no se lo hubiese impedido.

jueves, 9 de julio de 2015

VISITANTE A LAS PUERTAS DEL MAR

¡Segundo relato de la semana! Alguna historia detrás, que todavía no he tenido el placer de conocer... ¡disfrutadlo!

VISITANTE A LAS PUERTAS DEL MAR

Estoy en un banco del paseo marítimo. Mis gafas de sol de cristal circular me ocultan la verdadera realidad y me ofrecen una visión azulada de ella. El mar aparece como una gigantesca mole negra agitándose a lo lejos, como si fuese la guarida de bestias marinas sacudiendo las cadenas que las mantienen presas para salir a la superficie. Son fantasías mías. Siempre he sido así de imbécil, me imagino dragones bajo el agua, personas en las que confiar, y amor donde en realidad no lo hay. Un cigarro cutre reposa en mi mano, humeante. La mezcla de su aroma adictivo y la suave brisa marina crea un cóctel para mis sentidos. Aspiro profundo. Mar. Océano. Hice bien alejándome de toda esa gentuza mudándome a esta ciudad costera. Doy una calada. Inmediatamente después, tiro el cigarro, pues últimamente me estoy intentando convencer de que el tabaco es perjudicial, y estoy haciendo fuerzas de voluntad para dejarlo. Piso la colilla con ahínco, esbozando una mueca de esfuerzo. La verdad es que hoy me he levantado sin fuerzas, como si me hubieran extirpado en algún quirófano los músculos. Miro la noche. La noche me devuelve la mirada.
-Te has ido lejos.
Un hombre con un traje negro, camisa negra y sin corbata se presenta delante de mí, tapándome la vista.
-Disculpe, caballero, ¿le conozco?
-Conozco a Suárez.
Con esa frase, reviven fantasmas del pasado.
-¿Y qué? ¿Está bien, el hombre?-contesto, inexpresivo.
-Se podría decir. Solo le falta atar unos cabos sueltos.
-Me alegro por él-me río indiferente.-¿Y a mí qué?
-Ya no te acuerdas de nada, pobre. ¿Qué pasa? ¿Ya has pasado de Marina y la caja fuerte? ¿Ya lo has dejado atrás?
-Desaparecí para no volver a ver a aquella escoria -gruñí-. Para protegerme de los problemas que he causado. Si quieres, podemos resolver las cosas civilizadamente. Te puedo pagar.
-Fuiste un traidor, Pablo. Esa clase de cosas no se puede olvidar con unos cuantos billetes.
-Estaba harto de la basura. Déjame. Dile que me perdone. Era otra persona. Más joven. Más inexperto. Todos cometemos errores. Y supe que el Diego Suárez de antes me pegaría un tiro nada más verme después de lo que hice. Si tienes su teléfono, puedo hablar con él.
Mi visitante puso cara de reflexión.
-Eres un traidor. Pero pareces un traidor reformado. Aunque...
Mis fantasmas. Mis fantasmas, puede que me fueran a perdonar. La llama de arrepentimiento fue sustituida por una débil de esperanza.
-Aunque... lo hecho, hecho está.
En pocos segundos, una pistola emergió de su bolsillo, agarrada firmemente por su mano, y se oyó un chasquido. La bala estaba en posición. Lo hecho, hecho estaba. Y mi vida comenzó a pasar por delante de mis ojos, con el cañón de la pistola como fondo...

FIRST OF THE YEAR (el primero del año)

Este relato que pienso escribir ahora está basado en una canción, 'First of the Year (Equinox)', de Skrillex. La  verdad es que desde el primer momento me fascinaba la canción (cada uno tiene sus cosas), y veía más o menos la historia cuando leí la letra. Eso sí, cuando vi el videoclip oficial, mi historia no tenía nada que ver con la del director. Si os gusta el dubstep, podríais amplificar la lectura escuchando la canción. Para los que optéis por el silencio, me esforzaré en ofreceros también una buena lectura :). Advierto, es aproximadamente tan largo como la canción, es decir, cuatro minutos.

FIRST OF THE YEAR
(El primero del año)

Era la primera Nochevieja que pasamos Laurie y yo juntos. Fuimos a una fiesta de un amigo suyo, en una casa enorme de tres pisos y con música al máximo volumen. Debo reconocer que me parecía aquello bastante duro, fuerte, intenso... siempre habíamos ido a fiestas más flojitas, pero aquella era una de las grandes.
En fin. Llegamos a las diez de la noche. Bailamos. Comimos. Reímos. ¿Qué se puede esperar más de una fiesta? Sí, bueno... la gente allí no ingería sustancias ilícitas. Y, respecto a lo otro, a veces algunas parejas se ausentaban. Pero aquel no era el lugar para que mi novia y yo lo hiciésemos, así que solo queríamos divertirnos sin cafrerías.
Llegaron las 23:50h. La gente se sirvió en cuencos de plástico individuales uvas, de unas grandes fuentes que contenían suficientes para todos. Laurie y yo nos sentamos en el borde de la mesa, junto a otras parejas, pero, la verdad, es que para nosotros solo existíamos nosotros. Miramos la gigantesca televisión de plasma. La música se extinguió, y todo el mundo fijó su mirada en los dos presentadores de Nochevieja de este año. Eran graciosos, qué decir, de vez en cuando arrancaban algunas risas. 23:59h. Sonó la primera campanada y todos, apremiantes, engullimos la primera uva. ¡Qué gracioso sería, al final, ver a toda la gente con los carrillos llenos de uvas al no haber podido masticarlas a tiempo! Segunda. Tercera. Quinta. Séptima. Laurie y yo nos miramos. Parecía un hámster. Ella debió de pensar lo mismo de mí. Nos reímos y continuamos observando el televisor y comiendo uvas. 
Todo iba bien, y parecía que el nuevo año iba a sonreírnos, pero de repente, oí un ruido sordo de algo impactando al suelo. Con una sonrisa en la cara, atrapada por el momento, miré a mi lado. Esperé que a Laurie se le hubiera caído el bolso de la mesa, pero no. Se había caído ella. Tenía una herida enorme en el costado, de la que manaba abundante sangre. Tardé un microsegundo en transformar mi felicidad en una mueca de horror. Miré rápidamente atrás. La puerta se cerró detrás de alguien.  No podía ir tras él. Mi novia estaba sangrando. Necesitaba una ambulancia. 
-¡Que alguien llame al 911! Checkpoint- 1:05
El ruido de la música y los gritos de '¡Feliz Año Nuevo!' era espantoso... aun así, mi grito se pudo oír a dos metros de distancia, y la primera en ver el cuerpo sangrando de Laurie fue una chiquilla de apariencia consentida, que dio un estrepitoso grito que alarmó a los demás. Los ojos alarmados de esta recondujeron a todo aquel que la miró hacia mi novia, y la gente empezó a gritar.
-¡Que alguien llame a una ambulancia! ¡Que alguien llame a una ambulancia!
Solo unos pocos se percataban de que la vida de una persona estaba fluyendo lentamente hacia su fin. Cogí una sudadera que alguien debía haberse dejado en la mesa donde nos habíamos sentado y con ella taponé la herida. Su piel era macilenta. Su cara perdía vitalidad por segundos. Una lágrima huyó de mi ojo.
-¡No! ¡No! ¿Dónde está la puta ambulancia?-miré, llorando, al círculo de personas que se había colocado a mi alrededor, o bien para contemplar, o bien para ayudar...-¡Mi novia se está muriendo, por el amor de Dios!
La gente palidecía de horror. Miraba a los lados, como buscando respuestas. ¡Órdenes para obligarles a actuar! De repente, mi cabeza se iluminó entre el tumulto. Mientras con la mano derecha taponaba la herida de Laurie, busqué en mi bolsillo el teléfono. ¡No estaba! Me lo debía de haber dejado en alguna parte. Me maldije por haberlo perdido. 
-¡Que alguien llame! ¡Solo pido que alguien llame al maldito 911!-grité entre lágrimas.
Vi que un chico llamaba, asustado. Para aligerar las cosas, me apresuré a bajarla por las escaleras a la calle. Era el topicazo del príncipe azul llevando a la princesa en brazos, reconvertido en un momento macabro.
Ella y yo en la calle. Vi el rastro de sangre del agresor ocultándose en la oscuridad de las callejuelas , pero ahora no importaba él, importaba ella. sangrando sus cascadas rojas. Yo llorando, mientras esperaba que llegase la maldita ambulancia. Cada segundo, sus respiraciones parecía que fuesen a desvanecerse en el viento de invierno. De repente, en medio del silencio relativo de la calle, oí un chirrido agudo, como lanzas de plomo aterrizando en mis oídos. Unas ruedas gritando mientras se aferraban al asfalto para no caer. La ambulancia venía frenéticamente hacia mí, como si fuese un ser vivo.
Dio un frenazo, dejando tras de sí unas marcas en el asfalto. Tres personas bajaron de inmediato, apresuradas. Un hombre de unos cincuenta años, que debía ser el médico, de apariencia seria, le hizo señas a sus dos compañeros, un chico y una chica jóvenes, para que subieran a Laurie en una camilla y la metieran en el vehículo. A continuación se dirigió a mí, mientras ellos cumplían su orden.
-¿Qué ha pasado?-dijo con voz tensa pero calmada. Al no tener el factor personal, preservaba la quietud. Se notaba en su cara inexpresiva.
-¿Que qué ha pasado?-grité entre lágrimas-¡La han apuñalado! ¡Se va a morir!
-¿Tenía alguna relación con ella?
-¿¿Relación?? ¡¡Cuatro años de novios!!-repliqué, ya fuera de mí.
-Bueno, cálmese, haremos lo que podamos-me dijo, con un movimiento de cabeza, como tranquilizador. Señaló la puerta trasera de la ambulancia- Métase dentro. Mi compañera les acompañará durante el trayecto. Checkpoint: 2.49
Profundamente inquieto, me metí en la ambulancia. Mi pecho se agitaba como si dentro estuviese agitándose una jauría. Mi cara parecía los cauces desbordantes de ríos lacrimales. Desde fuera parecía intratable, así que la enfermera se calló. El conductor arrancó, chirriando de nuevo. No iba suficientemente rápido. Cogí la mano de Laurie. La puse junto a mi cara. Pero no la besé, ni la miré. Simplemente sollocé junto a ella. Era lo único que podía hacer.
-No te vayas, cariño-pedí con voz quebrantada-No me dejes solo.
-Seguro que no pasa nad...-dijo la enfermera tímidamente.
-¡Cállese!-la interrumpí, gritando como un loco- ¡Cállese! ¡Cállese! ¡Haga su trabajo en vez de molestar a las personas desgraciadas!, ¿¡quiere?!
-Perdón-murmuró.
Cada segundo transcurría como gotas de plomo en el vacío. Mis lágrimas teñían su mano de un dolor que ella no podía oír. La ambulancia frenó. Habíamos llegado al hospital. Corriendo, la acompañé hasta la puerta de la zona de quirófanos, donde se me dijo de esperar fuera.
-¿Cuánto tardarán?
-El tiempo que nos haga falta, señor... Haremos lo que podamos, tranquilo.
Me senté, a falta de ideas mejores, en la sala de espera. Llorando. Tapándome la cara con las manos, vergonzoso de mostrar mi verdadera apariencia al mundo. Con el tiempo, mi llanto se fue atenuando, hasta que me quedé, simplemente, catatónico, incapaz de reaccionar, inmovilizado por la impotencia.
Temblaba de miedo. Los terrores de perder a alguien querido se me volvían a revelar, con risas siniestras que nadie excepto yo podía oír en la sala. No sé cuánto tiempo estuve en aquella sala, con mi tiempo paralizado. Alrededor, oía ruido, pero mi cerebro lo transformaba en silencio. Estaba en mis pensamientos. Recorriendo toda nuestra historia...
Volví al mundo cuando una conversación de médicos, cercanos a la puerta del pasillo donde ella y yo nos separamos, sacó a mi alma del silencio.
-¿Ya nada más empezar el año acabas de operar, Thomas?
-Sí. Desgraciadamente, no hemos podido hacer nada. Un asesinato... el primero del año.






viernes, 3 de julio de 2015

SIN PASAR LÍNEA

La verdad, en mi último relato no pulsé la tecla Intro demasiadas veces. Os preguntaréis, ¿y eso qué más nos da? Nos da mucho. Me he basado, precisamente, en esa tecla esencial en la escritura a ordenador para hacer el siguiente relato. Y, como siempre, disfrutad:

SIN PASAR LÍNEA
Firas estaba en el Café Comercial de Madrid, en la Glorieta de Bilbao. Estaba frente a una taza humeante de café, mientras escribía en su ordenador portátil. Dio un sorbo, mientras leía el periódico. Por lo visto, habían puesto una amenaza de bomba los terroristas, que pretendían ejecutar hoy, pero la gente decía que solo eran rumores. Firas cerró la pestaña de internet y volvió a Word. Ahora mismo, estaba redactando un texto sobre un personaje verborreico en primera persona. Como tal, no había separaciones entre los párrafos ni nada, para darle mayor credibilidad. Era un personaje ciertamente cansino. De hecho, en el relato de Firas había dicho: "Alguna gente dice que no me callo ni debajo del agua". Ja, ja. Era un relato en clave de comedia, pensó Firas, a la gente le gustará un imbécil como este. Su padre no apoyaba esa decisión suya de escribir relatos. Decía que había que mantener los pies sobre la tierra, y para eso la ficción no era apropiada. Firas se reía casi imperceptiblemente cuando escribía. Estaba disfrutando. Y además, había terminado. Ahora llegaba el momento de darle al Intro por primera vez en aquel relato, para poner centrado al final el clásico "Fin". Una sonrisa iluminó su cara. Tranquilo, apretó el botón. Entonces, los rumores se disiparon, y el edificio de enfrente voló. Antes de fingir asombro por la explosión, tres caracteres sobre la pantalla: Fin.