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Mostrando entradas de junio, 2016

Despertar en el sueño

¡Hola, público! Hoy para variar, final feliz. Como diría mi amigo Víctor, esto rezuma miel :P. O no sé... la verdad, puede que en realidad no, y mi juicio esté distorsionado de escribir todo el rato para las historias de amor finales tristes, y un final feliz realmente me impresiona por ello... es igual. Dejo de aburriros. Juzgad por vosotros mismos. Despertar en el sueño Ignacio iba en el metro de vuelta a su casa aquel sábado por la noche. No había muchas personas, y él, como no iba ebrio, se entretenía observándolas. Analizando sus facciones, imaginando qué historia habría detrás de sus rostros inexpresivos. En Avenida de América, se sentó enfrente suyo una chica muy guapa. Era de cara ovalada, ni muy rellena ni muy seca, de cabellos largos y rubios trigueños, que se volvían negros en el extremo; tenía unos ojos marrones saltones, resaltados por arriba por unas cejas oscuras que contrastaban con su pelo y por abajo por unas ligeras ojeras que, lejos de restarle atractivo, se lo añ…

Sobre el dinero y la felicidad

Sobre el dinero y la felicidad Juan Fábregas nació en el seno de una familia acomodada barcelonesa, y nada más sus padres vieron que podía entender lo que le decían, le explicaron que de mayor tenía que buscarse un buen trabajo para ganar mucho dinero. En la escuela, sus padres le obligaron a que trabajara todo el tiempo, para que se acostumbrase. No tuvo amigos. En el instituto trabajó todo el tiempo ('La media, la media', le decían). No tuvo novias. En el bachillerato se mató por la media. No salió, nada de nada, su única casa era su mesa de estudio. En una ocasión le preguntó a su madre que para qué trabajar tanto, que tenía envidia de los demás chicos de su clase, que salían juntos y ligaban. Su madre le respondió que ya tendría tiempo de vivir cuando fuese rico. Juan le hizo caso. Fue el mejor de su promoción. Se hizo empresario de una marca de ropa. Seguía sin amigos y sin novia. Trabajo, trabajo, trabajo. El día que murieron sus padres, las únicas personas con las que …

Metaficción banal

Estoy realmente frustrado con no haber publicado nada en semanas, así que te ruego encarecidamente que me des ideas en los comentarios sobre qué podría escribir la próxima vez, porque, en serio, hace unas semanas que tengo la sesera seca :(. Metaficción banal El escritor se sentó frente al ordenador sin saber qué escribir. ¡Desgraciada suerte la suya! Tenía que publicar en su blog, pues no lo había hecho en un mes, y las visitas empezaban a descender peligrosamente.
-Bueno, tanto como descender no pueden-murmuraba mientras examinaba el contador de visitas-, es que ya están en cero.
¿Que podría escribir aquel domingo? No lo sabía, sinceramente. Además, debía hacer otras cosas: un trabajo de literatura universal le esperaba, y una subida de nota de inglés también. Por otra parte hacía una tarde preciosa y sería un desperdicio echarla a perder esperando en vano a las musas.
-¿Qué hago? ¿Qué hago?-se mordía la uña del pulgar.
La metaficción, desde luego, estaba muy gastada. Últimamente s…