EL VENTILADOR


Este relato lo escribí hace algún tiempo... adoro la idea original, pero he pulido el relato para ofrecer un resultado más pulido. ¡Disfrutad!


EL VENTILADOR

Yaiza se despertó en una sinfonía de cantos metálicos. Los engranajes interpretaban su obra idiosincrática repetitiva, que cargaba los oídos como unas cadenas de plomo. Una túnica áspera de color salmón la vestía, y sus cabellos negros como los abismos se desperdigaban por el suelo como ríos de betún. 
De repente, abrió los ojos y se levantó sin aparente esfuerzo. Una hélice gigante por encima de ella batía el aire del desierto, dejando caer un mágico polvo dorado.
Cuando hubo recuperado por completo su consciencia, vio a Álvaro, de pie y serio en el otro extremo de la sala circular. Sus miradas se cruzaron. Una lágrima asomando por el ojo de él indicaba a Yaiza que la trampa era inevitable, y que ellos dos estaban condenados.
Él caminó hacia Yaiza, mientras ella intentaba respirar, pero el aire del desierto era áspero como las rocas más afiladas. Entonces, Álvaro llegó hasta ella. La abrazó. Sus almas, atrapadas en aquellos dos cuerpos inmóviles en el abrazo, se besaron durante un instante que pareció años. Una barca que les llevaba a casa. Un lecho en el que exhalar un último suspiro de amor. Un oído a quien confiar todos aquellos fantasmas que quieren ocultarse en nuestra cabeza, porque tienen miedo de salir a la luz.
En aquel momento, un chirrido horripilante asaltó la sala, para quedarse. Un ciclón de arena bajó del ventilador, con promesas de muerte en sus garras de polvo. Él y ella se separaron. Y los zarpazos de arena desgarraron sus almas.

Entradas populares de este blog

El puzle

No es otra Navidad

Enrique Dubariego pierde la cabeza