lunes, 28 de diciembre de 2015

La llave de lo desconocido

La llave de lo desconocido
Rozó con la espalda la mampara. Estaba fría, muy fría, pero eso solo era el comienzo. Reguló la temperatura al mínimo, y se duchó mientras su cuerpo implosionaba en un grito interior. Se secó rápido, pero bien. Si dejaba algún rastro de humedad, la piel le picaría luego, y era una sensación tan odiosa como incalmable. Se miró en el espejo del baño, oyendo cerca, lejos, cerca, lejos el goteo de la ducha recién cerrada, y reparó en su pelo alborotado. Pensó que no podía ir por la calle con ese aspecto, pero calló su instinto y se fue a su cuarto, a vestirse. Se puso ropa cómoda, vaqueros, sudadera negra y deportivas. Apareció el perro, frotando su cabeza cariñosamente contra su pierna.
-Hey, chico... qué tal estás.
Le frotó un poco la cabecita peluda, se levantó de la cama de un salto y se dirigió a la cocina. Se preparó una taza mohína de café y unas tostadas. Con crema de limón. El tarro que le había regalado su madre llevaba ahí dos meses y se estaba poniendo en mal estado, pero no pensaba en tirar comida en aquellos momentos. No había nada, nada que desperdiciar. Nada en absoluto. Sonó su móvil. Era su amiga.
-Eh, hola, ¿estás bien?
-Sí...-miró las fotos en los imanes del frigorífico y recordó-Sí. Todo va bien.
-Cuídate. Aquí me tienes para lo que necesites.
-Ajá. Igualmente. Chao.
-Chao.
Colgó. Puso los platos en el fregadero. Un día normal. Fue al cajón del escritorio. Sacó la llave. Sacó la otra llave. Se fue a la puerta, la abrió, y cuando la cerró, ya estaba fuera. Se subió en el ascensor. Llegó a la azotea. Caminó pesadamente, y se subió al borde del edificio. Miró al frente. La vida era un dibujo negro, vacío y sin sentido. Una curiosa, complicada amalgama de sensaciones y pensamientos, que se fundían en un negro enigma. Muchos le tienden la mano, al borde del abismo, ahora. Otros quieren empujarle. Otros quieren que se tire por su propia cuenta. Pero solo con su alma y su mente encontrará su decisión. Balas de flores, gases de perfume, cuchillos de miel; besos cáusticos, amores de veneno, caricias corrosivas. Y solo los ojos que miraban al abismo podían decidir dónde poner cada nombre, y cada adjetivo. Allí estaba un rostro, un cuerpo, un alma, con toda una ciudad a sus pies ofreciéndose como digna tumba. Sus manos miraron la llave. Negra como lo siniestro, con un gatillo negro, con un cañón negro; parecía buena elección. La llave de lo desconocido, la llave de algo que podría ser mejor. La pistola se postró en su sien. La frente sudorosa, la mandíbula temblorosa. El dilema de su vida. Y quién dice que no estaba en la misma situación en el trabajo, en su casa, con sus amigos, con su pareja, con su familia. Caer o luchar. En todo momento. Eres tú. Decide.