domingo, 11 de octubre de 2015

LA HUÍDA (La Araña, parte III)

Esta es la última entrega de La Araña. Disfrutadlo, y nos vemos la semana que viene :).
LA HUÍDA
(La araña, parte III)
Oigo a la araña rugir detrás de mí, con sus ocho tenazas de terror pateando la red, y yo corro sin mirar atrás, intentando adivinar el sendero a través de la espesa cortina de lluvia. Tropiezo con una piedra. Salto, el miedo me calcina durante un instante y caigo de milagro al suelo, donde sigo corriendo. El sendero dobla. Doblo, y miro arriba mío otra curva esquiva, que se me ha escapado demasiado tarde. Caigo contra la ladera fangosa. Me revuelco hacia abajo en el barro ceniciento como una estrella fugaz sin luz, la lama traicionera me golpea la cara, se me mete en los ojos, me hace sufrir, mientras la montaña no para de asestarme puñetazos. Caigo. Ruedo. Temo. Intermitentemente, cada vez en la vuelta que miro hacia arriba, veo la araña, rugiendo con sus fauces tenebrosas y todos sus ojos brillando como un enjambre satánico, y sin darme cuenta me impulso con los brazos para caer más rápido. Cuando por fin caigo en la llanura del bosque, no me da tiempo a recomponerme del dolor, me levanto y sigo corriendo, bajo la tormenta. Los truenos son las fanfarrias de mi huida. Me he roto un hueso. Me duele. No puedo correr rápido. Siento los pasos escabrosos acercándose, y un baladro del infierno cada vez más cerca de la nuca. No lo conseguiré. Me vuelvo. La araña se acerca más y más, con sus patas peludas intimidando, velada por la protección de la tormenta. Me reclino rápidamente en una roca, de frente a ella, y empuño la navaja. Se acerca relampagueando, con sus patas salpicando el fango gris. Más. Más. Me muestra sus fauces y durante un instante veo todas sus entrañas, antes de clavarle mi navaja en mitad de la frente. Notar el líquido caliente que cae, contrastando en mi piel con el frío del agua de la lluvia. Y respirar, frente a todos aquellos rubíes endiablados apagándose, para no volver a encenderse nunca más.