jueves, 9 de julio de 2015

FIRST OF THE YEAR (el primero del año)

Este relato que pienso escribir ahora está basado en una canción, 'First of the Year (Equinox)', de Skrillex. La  verdad es que desde el primer momento me fascinaba la canción (cada uno tiene sus cosas), y veía más o menos la historia cuando leí la letra. Eso sí, cuando vi el videoclip oficial, mi historia no tenía nada que ver con la del director. Si os gusta el dubstep, podríais amplificar la lectura escuchando la canción. Para los que optéis por el silencio, me esforzaré en ofreceros también una buena lectura :). Advierto, es aproximadamente tan largo como la canción, es decir, cuatro minutos.

FIRST OF THE YEAR
(El primero del año)

Era la primera Nochevieja que pasamos Laurie y yo juntos. Fuimos a una fiesta de un amigo suyo, en una casa enorme de tres pisos y con música al máximo volumen. Debo reconocer que me parecía aquello bastante duro, fuerte, intenso... siempre habíamos ido a fiestas más flojitas, pero aquella era una de las grandes.
En fin. Llegamos a las diez de la noche. Bailamos. Comimos. Reímos. ¿Qué se puede esperar más de una fiesta? Sí, bueno... la gente allí no ingería sustancias ilícitas. Y, respecto a lo otro, a veces algunas parejas se ausentaban. Pero aquel no era el lugar para que mi novia y yo lo hiciésemos, así que solo queríamos divertirnos sin cafrerías.
Llegaron las 23:50h. La gente se sirvió en cuencos de plástico individuales uvas, de unas grandes fuentes que contenían suficientes para todos. Laurie y yo nos sentamos en el borde de la mesa, junto a otras parejas, pero, la verdad, es que para nosotros solo existíamos nosotros. Miramos la gigantesca televisión de plasma. La música se extinguió, y todo el mundo fijó su mirada en los dos presentadores de Nochevieja de este año. Eran graciosos, qué decir, de vez en cuando arrancaban algunas risas. 23:59h. Sonó la primera campanada y todos, apremiantes, engullimos la primera uva. ¡Qué gracioso sería, al final, ver a toda la gente con los carrillos llenos de uvas al no haber podido masticarlas a tiempo! Segunda. Tercera. Quinta. Séptima. Laurie y yo nos miramos. Parecía un hámster. Ella debió de pensar lo mismo de mí. Nos reímos y continuamos observando el televisor y comiendo uvas. 
Todo iba bien, y parecía que el nuevo año iba a sonreírnos, pero de repente, oí un ruido sordo de algo impactando al suelo. Con una sonrisa en la cara, atrapada por el momento, miré a mi lado. Esperé que a Laurie se le hubiera caído el bolso de la mesa, pero no. Se había caído ella. Tenía una herida enorme en el costado, de la que manaba abundante sangre. Tardé un microsegundo en transformar mi felicidad en una mueca de horror. Miré rápidamente atrás. La puerta se cerró detrás de alguien.  No podía ir tras él. Mi novia estaba sangrando. Necesitaba una ambulancia. 
-¡Que alguien llame al 911! Checkpoint- 1:05
El ruido de la música y los gritos de '¡Feliz Año Nuevo!' era espantoso... aun así, mi grito se pudo oír a dos metros de distancia, y la primera en ver el cuerpo sangrando de Laurie fue una chiquilla de apariencia consentida, que dio un estrepitoso grito que alarmó a los demás. Los ojos alarmados de esta recondujeron a todo aquel que la miró hacia mi novia, y la gente empezó a gritar.
-¡Que alguien llame a una ambulancia! ¡Que alguien llame a una ambulancia!
Solo unos pocos se percataban de que la vida de una persona estaba fluyendo lentamente hacia su fin. Cogí una sudadera que alguien debía haberse dejado en la mesa donde nos habíamos sentado y con ella taponé la herida. Su piel era macilenta. Su cara perdía vitalidad por segundos. Una lágrima huyó de mi ojo.
-¡No! ¡No! ¿Dónde está la puta ambulancia?-miré, llorando, al círculo de personas que se había colocado a mi alrededor, o bien para contemplar, o bien para ayudar...-¡Mi novia se está muriendo, por el amor de Dios!
La gente palidecía de horror. Miraba a los lados, como buscando respuestas. ¡Órdenes para obligarles a actuar! De repente, mi cabeza se iluminó entre el tumulto. Mientras con la mano derecha taponaba la herida de Laurie, busqué en mi bolsillo el teléfono. ¡No estaba! Me lo debía de haber dejado en alguna parte. Me maldije por haberlo perdido. 
-¡Que alguien llame! ¡Solo pido que alguien llame al maldito 911!-grité entre lágrimas.
Vi que un chico llamaba, asustado. Para aligerar las cosas, me apresuré a bajarla por las escaleras a la calle. Era el topicazo del príncipe azul llevando a la princesa en brazos, reconvertido en un momento macabro.
Ella y yo en la calle. Vi el rastro de sangre del agresor ocultándose en la oscuridad de las callejuelas , pero ahora no importaba él, importaba ella. sangrando sus cascadas rojas. Yo llorando, mientras esperaba que llegase la maldita ambulancia. Cada segundo, sus respiraciones parecía que fuesen a desvanecerse en el viento de invierno. De repente, en medio del silencio relativo de la calle, oí un chirrido agudo, como lanzas de plomo aterrizando en mis oídos. Unas ruedas gritando mientras se aferraban al asfalto para no caer. La ambulancia venía frenéticamente hacia mí, como si fuese un ser vivo.
Dio un frenazo, dejando tras de sí unas marcas en el asfalto. Tres personas bajaron de inmediato, apresuradas. Un hombre de unos cincuenta años, que debía ser el médico, de apariencia seria, le hizo señas a sus dos compañeros, un chico y una chica jóvenes, para que subieran a Laurie en una camilla y la metieran en el vehículo. A continuación se dirigió a mí, mientras ellos cumplían su orden.
-¿Qué ha pasado?-dijo con voz tensa pero calmada. Al no tener el factor personal, preservaba la quietud. Se notaba en su cara inexpresiva.
-¿Que qué ha pasado?-grité entre lágrimas-¡La han apuñalado! ¡Se va a morir!
-¿Tenía alguna relación con ella?
-¿¿Relación?? ¡¡Cuatro años de novios!!-repliqué, ya fuera de mí.
-Bueno, cálmese, haremos lo que podamos-me dijo, con un movimiento de cabeza, como tranquilizador. Señaló la puerta trasera de la ambulancia- Métase dentro. Mi compañera les acompañará durante el trayecto. Checkpoint: 2.49
Profundamente inquieto, me metí en la ambulancia. Mi pecho se agitaba como si dentro estuviese agitándose una jauría. Mi cara parecía los cauces desbordantes de ríos lacrimales. Desde fuera parecía intratable, así que la enfermera se calló. El conductor arrancó, chirriando de nuevo. No iba suficientemente rápido. Cogí la mano de Laurie. La puse junto a mi cara. Pero no la besé, ni la miré. Simplemente sollocé junto a ella. Era lo único que podía hacer.
-No te vayas, cariño-pedí con voz quebrantada-No me dejes solo.
-Seguro que no pasa nad...-dijo la enfermera tímidamente.
-¡Cállese!-la interrumpí, gritando como un loco- ¡Cállese! ¡Cállese! ¡Haga su trabajo en vez de molestar a las personas desgraciadas!, ¿¡quiere?!
-Perdón-murmuró.
Cada segundo transcurría como gotas de plomo en el vacío. Mis lágrimas teñían su mano de un dolor que ella no podía oír. La ambulancia frenó. Habíamos llegado al hospital. Corriendo, la acompañé hasta la puerta de la zona de quirófanos, donde se me dijo de esperar fuera.
-¿Cuánto tardarán?
-El tiempo que nos haga falta, señor... Haremos lo que podamos, tranquilo.
Me senté, a falta de ideas mejores, en la sala de espera. Llorando. Tapándome la cara con las manos, vergonzoso de mostrar mi verdadera apariencia al mundo. Con el tiempo, mi llanto se fue atenuando, hasta que me quedé, simplemente, catatónico, incapaz de reaccionar, inmovilizado por la impotencia.
Temblaba de miedo. Los terrores de perder a alguien querido se me volvían a revelar, con risas siniestras que nadie excepto yo podía oír en la sala. No sé cuánto tiempo estuve en aquella sala, con mi tiempo paralizado. Alrededor, oía ruido, pero mi cerebro lo transformaba en silencio. Estaba en mis pensamientos. Recorriendo toda nuestra historia...
Volví al mundo cuando una conversación de médicos, cercanos a la puerta del pasillo donde ella y yo nos separamos, sacó a mi alma del silencio.
-¿Ya nada más empezar el año acabas de operar, Thomas?
-Sí. Desgraciadamente, no hemos podido hacer nada. Un asesinato... el primero del año.