sábado, 23 de enero de 2016

El escritor


El escritor
Hola. Este es el escritor. Es una criatura sensible, puede que hasta retraída en determinadas ocasiones, pero hay que evitar a toda costa causar su enfado. Le gusta observar la realidad. Le gusta el café en una taza en un café con aire intelectual, y no llama a lo viejo 'vintage', lo llama viejo. Llama las cosas, así pues, por su nombre; es una manía que llevada al extremo puede desembocar en obsesión por el vocabulario.

Esta característica se ve visiblemente alterada si el sujeto es un poeta. En este caso, ha de tenerse una de estas dos cosas: 1-un criptógrafo o 2-conocimientos para ser uno mismo el criptógrafo en cuestión. Los poetas son seres curiosos que insisten en no llamar a las cosas por su nombre, siendo este hecho precisamente uno de sus grandes atractivos. Además de intrigantes, son muy exclusivistas, pues para hacer sus poemas emplean un extenso abanico de figuras retóricas, a cada cual más extraña, que resultan incomprensibles al hombre de a pie. Podemos concluir en que la figura del poeta es algo sobre lo que no vamos a indagar demasiado, pues de otra manera nos volveríamos locos. Sin embargo, luego podemos contemplar otros tipos de escritor, que siendo más tangibles, no son por ello menos honorosos. Está el dramaturgo, aquel buen hombre que se dedica a escribir el nombre de una persona en mayúsculas, como si lo chillara en su cabeza, seguido de lo que dice el personaje en cuestión. Además, pone algunos textos entre paréntesis llamados acotaciones que aunque no se lean, son importantes, porque dan datos extraverbales de la historia. Y aquí viene una incógnita: ¿por qué hay datos extraverbales, si solo se va a leer? Porque, aparte de este honorable individuo, nos encontramos otro ser conocido como el actor, que se dedica a fingir lo más realísticamente posible lo que pone en los papeles del dramaturgo... pero esa es otra cuestión. Sigamos con los tipos de escritores. Por último, nos encontramos al prosista. El prosista es el más tangible de los tres, y puede llegar a ser un sujeto sumamente complicado, pues en sus manos pueden verse combinadas la prosa del poeta y los diálogos del dramaturgo, más un elemento más: más que expresar sentimientos o dar algo que decir a unos personajes, el prosista cuenta una historia. El prosista es caracterizado en nuestra sociedad por el individuo que aparece en la contraportada de un objeto de materiales generalmente papeleros de la anchura de un ladrillo. Su rasgo principal es que cuenta una historia. Como escritor, su poder consiste en variables como el argumento, la complejidad de los personajes, la documentación... como en el caso del poeta, si analizáramos demasiado a este hombre podríamos llegar a volvernos locos. 
Las tres clases de escritor cuentan con una complejidad propia de carácter, como era de esperar, complejo, siendo el escritor en cualquiera de sus formas una criatura difícil de comprender. Pero, delante de todas sus rarezas, el escritor es una persona con sentimientos, y pide, con lenguaje educado o menos educado, comprensión por parte de la sociedad en la que se encuentra. Gracias por atender.