jueves, 21 de mayo de 2015

EL PROCRASTINADOR

La verdad, he de admitir que me basé en mi comportamiento un domingo por la tarde para hacer este relato en clave de comedia. Espero que disfrutéis a este singular y vago personaje como yo cuando lo inventé. Es un personaje público, que en mi mundo de ficción, es muy conocido por la extrema pereza que posee, la cual no se puede encontrar en cualquier otra persona del planeta. Disfrutad.

EL PROCRASTINADOR

Tengo algo que declarar. A todas las personas, de todas las nacionalidades, razas y religiones. Quiero exhalar un grito que quede grabado en la memoria de la Tierra. Una proclamación de mi suprema excelencia. Ahí va: ¡soy un vago, y me enorgullezco!

Mi casa es el reflejo de la anarquía. Todos los aparatos y chismes están desperdigados por ella, y a veces, cuando me meto en la cama, me encuentro algún que otro artilugio. Dios sabe por qué hace tres días me encontré restos de un kebab cuando me arrebujaba entre las sábanas. Dios sabe qué hacían en mi bañera cuatro tomos del Quijote abiertos por la página 666. En definitiva, mi casa es el desastre absoluto, y cualquiera que ose intentar ordenarlo, tardaría demasiado tiempo de su valiosa vida. Ese es, exactamente, mi caso, ¡me da una pereza!

Hablemos ahora de mi trabajo. Soy vigilante de un colegio privado. Mi único trabajo es vigilar que los chavales no hagan gamberradas y cosas por el estilo en horario escolar, pero no puedo resistir tanto tiempo de pie, y cada día, me traigo una butaca enguatada y una almohada por si me entra sueñecito, hombre. Yo soy un gran defensor de las tradiciones nacionales, tal como es la siesta, así pues. Por eso, me esfuerzo en seguir manteniendo vivas las tradiciones. Soy vago. Muy vago. De hecho, el colegio me despidió, y decidí ocupar mi tiempo escribiendo en un blog mis ideas de procrastinación utópica, por el cual me conocéis todos y además cobro dinero que me permite seguir viviendo cómodamente.

¿Para qué levantarse de la cama si luego te vas a acostar? ¡El mundo está loco! ¡Que se quede todo el mundo en la cama sin levantarse por la mañana, y ya está! ¡Si luego se van a acostar, se ahorran el paseo! ¡Esa es mi filosofía! ¡Por eso, siempre que puedo, la sigo! ¡Hay veces incluso que la policía ha entrado en mi casa para asegurarse de que estaba bien, porque me daba demasiada pereza dar señales de vida!

Y para comer, por qué cocinar. ¡Demasiado trabajo! A domicilio, a domicilio. Tengo la pizzería a cinco metros de mi portal, pero hago mis pedidos a domicilio. ¡Viva la pereza! ¡Viva la relación eterna entre yo y mi lánguido sofá!

Y, cuando llaman a la puerta, ¿qué hago? ¿Queréis saber lo que hago? ¡Qué voy a hacer, no les abro! ¡Y si se quejan, no haber llamado, los muy pejigueras! ¡Yo estoy en mi sofá, que respeten mi solitaria afición! ¿Y si es urgente? ¡Les digo que cojan las llaves, que están debajo del felpudo de la puerta, y cuando se van, las dejan en su sitio! ¡Faltaría más! ¡De mi sofá no me levanta ni mi madre! ¡Que se paseen por encima de mi cadáver para alejarme de él, pero yo moriré, heroico, agarrado a él!

Aun así, por muy vago que sea, cultivo mucho la mente, no os creáis que por vago se es tonto. No solo veo programas de comedia y de polis que investigan casos, cuando quiero enriquecer mis conocimientos pongo la 2. Siempre hay algún documental que me instruye sobre las útiles cosas de la vida, como por ejemplo las estatuas moai de la isla de Pascua.

¡Gente del mundo! ¡Haced pereza! ¡Es lo mejor de lo mejor! ¡Sin trabajo! ¡Sin estudio! ¡Sin preocupaciones! ¡Alzaos contra la explotación laboral! ¡Os lo dice el Procrastinador!