PATRICK HOWDEN, EL OPTIMISTA EMPEDERNIDO

Esto me hace mucha gracia, de ridículo que es este personaje. ¡En serio! Lo adoro... ¡Si os gusta, comentad y hago una segunda parte! ¡Disfrutad!
PATRICK HOWDEN, EL OPTIMISTA EMPEDERNIDO

Patrick Howden era un  cordial contable de una empresa de impresoras. Puede que demasiado. Se levantó alegre, porque era un nuevo día y había que disfrutarlo al máximo. Esa faceta suya de que todos los días debían ser maravillosos le propinaba el apelativo de pelele dado por algunas personas sensatas. Desayunó felizmente unos cereales empalagosos de miel mientras tenía una sonrisa de oreja a oreja, empañada por gotas de leche resbalándole en las comisuras. Su compañero de piso, Derek Simons, pensaba que era afortunado de no tener novia, de lo contrario ya le habría dejado, porque era un infantiloide irredento. Precisamente este compañero de piso era el que daba unas pinceladas de sensatez a la vida diaria de Patrick. 
Cuando este hombre terminó de desayunar, se vistió con un traje y su tercera corbata favorita (tenía cinco favoritas por orden de preferencia para cada día de la semana, siendo el lunes la quinta y el viernes la primera). Esta corbata, la del miércoles, consistía en un fondo verde claro manchado de tréboles de cuatro hojas en un tono de verde mucho más oscuro que rozaba el negro. 
Patrick, tras vestirse, se equipó con su maletín de businessman y cogió las llaves del apartamento, dándole una jolgoriosa despedida a Derek, que consumía sin atisbo de emoción los mismos cereales empalagosos, a falta de algo mejor:
-¡Adiós, compañero de piso! ¡Pasa un magnífico día!-exclamó entusiasmado, despidiéndose con la mano, agitándola en el aire efusivamente.
-Y tú-dijo sin inmutarse Derek. Cuando Patrick se dio la vuelta y no pudo oírle, continuó-Ojalá la vida no sea tan alegre hoy y te despeñes por las escaleras.
Patrick bajó las escaleras perfectamente, ajeno a las maldiciones que le profería Derek, mientras cantaba esa canción favorita suya, "Wouldn't it be nice" de los Beach Boys. Joder, iba tan alegre que si te arrimabas te pegaba la felicidad, era alucinante. Cogió el bus. Para atenuar su performance, en vez de cantar la canción, la silbó. La gente se giraba en el autobús, sorprendida ante semejante especimen víctima del optimismo ilusorio, ideología que busca no ver lo malo de la realidad sino todo lo bueno, teniendo una visión de la misma incompleta a causa de una ignorancia ante la vida misma, calificada por la opinión pública como estupidez. Patrick, ajeno de nuevo a las miradas indiscretas de los pasajeros, siguió silbando, moviendo la cabeza al ritmo de la melodía mientras enfatizaba su emoción cerrando sus ojos, como si aquello fuese un concierto de verdad de los Beach Boys.
Patrick, tras un rato de trayecto, se apeó, produciendo un suspiro de alivio común en el vehículo. A pesar de su estrambóticamente feliz y despreocupada personalidad, fue consciente de que debía ponerse serio en su lugar de trabajo, y atravesó la puerta de la sede de la empresa con un semblante firme y decidido. Semblante, que no tardó en romperse cuando vio a la hermosa secretaria Lucy tras el mostrador y le dedicó un piropo:
-¡Señorita Batterson, hoy está deslumbrante!
Lucy dejó escapar una breve risa boba, dando a entender que le gustaba el cumplido, y le dio los buenos días. Patrick echó al infierno todo ese lío de ser serio y respetable y empezó a saludar a todo el mundo efusivamente, creando un fuerte contraste entre el bajo ánimo matinal general y el suyo, habiendo una vez más miradas indiscretas que denotaban estupefacción ante aquel fenómeno social. Patrick subió al ascensor con una sonrisa, como al principio de la mañana, de oreja a oreja. Tal como al levantarse había pronosticado, ¡aquel día estaba siendo maravilloso, aunque solo fuese para él y su burbuja de optimismo irracional!

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