sábado, 12 de marzo de 2016

Cómo se hacen los niños

Cuando tenga hijos, sería divertido contarles esto. Disfrutadlo. :D
Cómo se hacen los niños

¿Cómo se hacen los niños? Yo, como cigüeña repartidora que soy, debería saberlo, amigos míos, pero no lo sé. Es decir, vosotros los humanos creéis que nosotras las cigüeñas hacemos los niños, pero, yo como cigüeña, dudo sobre este proceso... Comencé a preguntar a mis colegas de trabajo, con los que repartía bebés por la zona de Nimes, en Francia, y ninguno supo la respuesta. Hubo hasta algunos que me dijeron que no quisiera yo saber cómo se hacían los niños. Pero yo, ¡no me rendí! Trepé y trepé por informadores discretos, hasta llegar a las altas esferas, que me respondieron a mi sed de respuestas con un no rotundo. ¿Qué podría hacer...? ¿Podría infiltrarme en los cuarteles generales de la Fábrica de los Bebés y arriesgarme a que me diesen una muerte tan cruel y cruenta como sádica y sangrienta? ¡Era absurdo!
Lo hice. Me metí en los cuarteles para seguir investigando más a fondo. Espiaba muy bien: rodaba por el suelo perfectamente, mataba silenciosamente girando mágicamente la cabeza de mis enemigos, no hacía ruido cuando caminaba o corría... esto de estar en un relato de ficción viene de perlas para ignorar las leyes de la lógica por completo, ya sabéis. Tras usar estas, y muchas más técnicas de espía que desafían al sentido común, llegué a la sala donde se hacen los bebés: me quedé boquiabierto. Había unas cigüeñas de una extraña raza que jamás había visto, con batas y barbas largas, que tecleaban con agilidad datos en ordenadores gigantescos y se metían en inmensas salas a hacer los bebés, pero yo no podía verlo, porque cerraban la puerta rápido y las ventanas eran opacas desde fuera. Y yo no podía quedarme ahí, esperando a que  alguien viniese a darme respuestas. A punta de cuchillo, obligué a un científico de esos que me explicase todo el proceso en un lenguaje rápido y asequible. Después, como ya por entrar en la Fábrica de Bebés es penado con la muerte en el Código Penal Cigüeñil, maté al pájaro este y salí corriendo de la sala de los bebés, para salir de la Fábrica. Me persiguieron guardias, saltaron trampas que nadie normal podría haber pasado y me dispararon con todas las armas posibles, pero una vez más la lógica de la ficción absurda se impuso y salí victorioso del lugar. Nada más estar yo fuera, la Fábrica explotó, con toda su gente dentro, como debe ser en las historias decentes.

¿Qué? ¿Que cómo se hacen los bebés? Muy sencillo. Para empezar, deben participar dos personas. ¡Exacto, lo habéis adivinado! Los bebés se hacen mediante un complejo sistema matemático-biológico en el que participan dos humanos de sexo opuesto y hordas de cigüeñas, para hacer cada ejemplar de bebé. El proceso empieza un día en que una mujer observa perspicazmente que su pareja sola no puede absorber todo el cariño que ella tiene dentro: decide tener un hijo. Se lo comunica a su pareja, y si la pareja accede a racionar el amor, los dos firman una carta a la Comisión de Cigüeñas Repartidoras en la que explican los motivos por los cuales quieren tener un bebé. Tras un riguroso examen por parte de las Cigüeñas Expertas en el Fraude de Demanda de Bebés, la Comisión acepta, y comienza el proceso de una nueva vida. A cambio de hacerle el bebé, la Comisión exige alquilar el vientre de la mujer como trastero durante nueve meses, durante los cuales guardan papeleo, latas de conserva, uranio, etc. Este alquiler se nota menos al principio, pero con el desorden que tenemos en la burocracia de nuestro gobierno, cuando han pasado los nueve meses la pobre mujer tiene dentro al Ikea. Pero, mientras la mujer sufre físicamente su pacto con la Comisión, ¿qué hace esta?
El hombre y la mujer que desean el bebé deben mandar una ficha con su historial médico, fotos, análisis, y demás documentos de salud. El Departamento de Creatividad para la Elaboración de Bebés combina estos datos diversos de la manera más irracional posible, y hace una ficha, que se manda al Departamento Científico para la Elaboración de Bebés. Allí, una parte de las cigüeñas científicas investigan posibles acabados finales del bebé en ordenadores ultrapotentes, y cuando tienen el bebé definitivo, elaboran una ficha física y psicológica que es la que caracterizará al nuevo ser humano a lo largo de toda su vida.  La otra parte del Departamento Científico se dedica a hacer el acabado final en sí mismo a partir de la ficha, mediante procesos químicos que involucran productos químicos de toda clase. ¡Ya está hecho el bebé! En ese momento, los cerebritos nos llaman a nosotras, las cigüeñas repartidoras, para acabar el proceso. Cogemos la ficha de los clientes y les entregamos el bebé rápidamente, tras haberle hecho rabiar un poco para que llore. Pero, antes de eso, como la Comisión es muy estricta con su sistema de pactos, debemos llevarnos las cosas que haya en el vientre-trastero de la madre, mediante operaciones de extracción realizadas lo más visceralmente posibles que dejarán secuelas en la madre durante varios días.  Y así, finalmente, la mujer y el hombre tienen a su bebé con ellos, y saben que aunque lo quieren mucho, van a dudar si van a poder aguantar ese saco de llantos todo el día.
Y así es como se hacen los niños. Cuando escribo estas líneas, la Comisión me ha condenado a muerte triple por divulgar esta información.