The prank/La broma


A continuación va un texto que he escrito en inglés porque el relato está inspirado en una tarde de un día de universidad y en España el día de las bromas cae en vacaciones, de modo que he cogido el día de las bromas en la tradición estadounidense, que cae en una franja lectiva del calendario. A mi madre no le gusta porque dice que no tiene sentido, pero bueno, no creo que todo tenga que tener sentido; de hecho, una de las cosas que más me gustan de leer es no entender todo lo que leo. Pretender entender todo es, como sabemos, algo de personas muy soberbias inconscientes de las limitaciones de su mente. 


Disclaimer: in this text there may be extratextual elements whose knowledge depends on the reader’s creativeness. Don’t get stick on the word; I encourage you to go beyond!
The prank
First of april of two thousand eighteen. William was tying his black Nike trainers on the arm of the armchair in order to go jogging after a mentally-tiring day of university. His mother in the living room, next to him, writing an essay for her spanish lesson. After he finished the lacings he approached to her, looked over her shoulder and read with strong accent:
-Mi amiga Evélyn esa un grande modelo para seguir para mí. Ella es una grande persona y una grande madre y una grande amiga.
-Just leave me alone, will you? -she hid the notebook under his forearm, peevishly- You must know when to shut up.
-Uh, okay, okay; I stop, sorry.
She simply unveiled her writing and kept working on it with diligence. Looking at her with mocking, inflated cheeks, he walked away from her towards the door. He had almost reached the knob with his hand when he suddenly turned back to look at her and said, with a slightly fearful voice:
-Now I’m going. You will open me when I’m back, right? -she didn’t raise her eyes from the paper, so he repeated; not louder, but more articulately:- Now I’m going. You will open me when I’m back, right?
-Uhm? -she reacted, still without changing her posture- Yes.
-You know, I know you’re going to open me but…
-Yes, yes.
For an instant, William did not take for granted that he would be able to return home after jogging. Of course, this was only one of his weird thoughts and was worth of plunging into the trash can.
*                 *                 *
Because he had been running for almost twenty minutes he stopped at his shop of trust to buy some nectar of the gods, widely known as Mountain Dew. The bell rang.
-Afternoon, Erik!
He, Erik, looked with confusion at this young man who has heading to the Coca-Cola cooler.
-Do I know you?
-Good one, Erik, although, I must say, a little bit basic for you. One has to be more creative for this date, y’know.
-How do you know my name?-he asked him with serious look when he put the bottle on the counter.
-Well, -William answered- I’ve been coming here for almost twenty years. We even have each other’s number.
-No, sorry, I don’t think I got your number. You seem to be kind of mistaken?
-I’m not mistaken -he started to get worked up- Erik, you can stop playing this.  That’s enough, okay?
-Just take your Mountain Dew and go -Erik replied, nervous- You’re making this uncomfortable.
William was bewildered, but decided to attribute that episode to the tradition and kept on with his afternoon after hurriedly going out Erik’s shop.
But that was starting to get bad. His fifth floor’s neighbour, Miss Anna, didn’t recognize him. A friend he came across didn’t know who he was. The old woman of the supermarket, whom with he always talked a little bit, was like a totally different person from the normal. It was like an April Fool’s joke had been carried to the extreme; he had suddenly entered a world which was hostile to him, a reality that wasn’t his home. Horrible, watching how all the people that have composed your life now look scared when you call them by their name, while all the things keep being the same.
He went back home, with the purpose of asking her mother what was happening. He knocked the door.
-Mum! -nobody answered- Mum!
After some time, the voice of his mother sounded across the wood; nonetheless, it wasn’t completely her voice, a strange tinge was missing:
-Go away, William.
-What is this? Why don’t you open? Outside, it suddenly seems nobody knows me anymore. But you told me you were gonna open me! What’s wrong? Open me already!
-It’s not that they don’t know you anymore; they have never known you.
-What bollock is that one?
-You should talk more politely.
-That’s not the point! Stop this sick prank!
-Yes, indeed. It is time to stop this sick prank that we’ve all carried out throughout your life.
-Yes! Now open me!
-No.
-You just said you would stop!
-We just did. We have been pranking you all this years and now we have stopped.
-What?
-Your life was the prank.
END

La broma
Uno de abril de dos mil dieciocho. William se estaba atando sus Nike negras sobre el brazo del sillón para irse a correr después de un día mentalmente agotador en la universidad. Su madre en el salón, a su lado, escribiendo una redacción para su clase de español. Después de terminar las lazadas se acercó a ella, miró por encima de su hombro y leyó con fuerte acento:
-Mi amiga Evélyn esa un grande modelo para seguir para mí. Ella es una grande persona y una grande madre y una grande amiga.
-Déjame en paz, ¿quieres? -escondió el cuaderno bajo su antebrazo, malhumoradamente- Debes saber cuándo callarte.
-Uh, vale, vale; ya paro, lo siento.
Ella simplemente descubrió su escrito y siguió trabajándolo con diligencia. Mirándola con burlones, inflados carrillos, se fue de su lado y caminó hacia la puerta. Su mano había alcanzado casi el pomo cuando de repente se giró y le dijo, con una voz ligeramente temerosa:
-Ahora me voy. Me abrirás cuando vuelva, ¿verdad? -no levantó sus ojos del papel, así que él repitió; no más alto pero más articuladamente:- Ahora me voy. Me abrirás cuando vuelva, ¿verdad?
-¿Uhm? -ella reaccionó, todavía sin cambiar su postura- Sí.
-¿Sabes?, sé que me vas a abrir, pero...
-Sí, sí.
Por un instante, William no dio por sentado que pudiese volver a casa después de correr. Por supuesto, este era tan solo uno de sus raros pensamientos y era digno de zambullirse en la papelera.
*                 *                 *
Como había estado corriendo casi veinte minutos paró en su tienda de confianza para comprar un poco de néctar de los dioses, conocido entre los mortales como Mountain Dew. Sonó el timbre.
-Tardes, Éric.
Él, Éric, miró confundido a este joven hombre que se dirigía al frigorífico de Coca-Cola.
-¿Te conozco?
-Buena esa, Éric, aunque, debo decir, un poco básica para ti. Uno tiene que ser más creativo en esta fecha, ¿sabes?
-¿Cómo sabes mi nombre? -le preguntó con mirada seria mientras ponía la botella en el mostrador.
-Bueno -respondió William- He estado viniendo aquí casi veinte años. Hasta nos hemos dado los números.
-No, lo siento, no creo que tenga tu número. ¿Parece que te has confundido?
-No me he confundido -se empezó a subir- Éric, puedes dejar de jugar a esto. Ya está  bien, ¿eh?
-Toma tu Mountain Dew y vete -Éric replicó, nervioso- Estás haciendo esto incómodo.
William estaba sorprendido, pero decidió atribuirle el episodio a la tradición y prosiguió con su tarde después de abandonar precipitadamente la tienda de Éric.
Pero aquello estaba empezando a ponerse mal. Su vecina del quinto, la señora Ana, no le reconocía. Un amigo con el que se cruzó no sabía quién era. La vieja señora del supermercado, con quien siempre hablaba un poco, era una persona totalmente distinta de lo normal. Era como si una broma del Uno de Abril hubiese sido llevada al extremo; de repente, William había entrado en un mundo que le era hostil, una realidad que no era su hogar. Horrible, ver cómo toda la gente que ha compuesto tu vida ahora se asustan cuando las llamas por su nombre, mientras todas las cosas siguen siendo las mismas.
Volvió a casa, con la intención de preguntarle a su madre qué estaba ocurriendo. Golpeó la puerta.
-¡Mamá! -nadie respondió- ¡Mamá!
Después de algún tiempo, la voz de su madre sonó a través de la madera; a pesar de ello, no era completamente su voz, faltaba un extraño matiz:
-Vete, William.
-¿Qué es esto? ¿Por qué no abres? Fuera, de repente parece que nadie me conoce más. ¡Pero tú me dijiste que me abrirías! ¿Qué pasa? ¡Ábreme ya!
-No es que hayan dejado de conocerte; nunca te han conocido.
-¿Qué gilipollez es esa?
-Deberías hablar mejor.
-¡Ese no es el problema! ¡Deja esta broma!
-Sí, claro. Ya es hora de dejar esta broma que todos hemos llevado a cabo a lo largo de toda tu vida.
-¡Sí! ¡Ahora ábreme!
-No.
-¡Dijiste que pararías!
-Acabamos de hacerlo. Hemos estado gastándote una broma todos estos años y ahora hemos parado.
-¿Qué?
-Tu vida era la broma.
FIN

Oye mira, el relato es un poco tontería pero a mí me gusta, sobre todo porque logro sorprender: esto es, la tendencia durante todo el relato es pensar que lo sucedido durante el día es una broma (lo cual es lógico porque es primero de abril), pero al final se desvela que lo que ha sido la broma en realidad es el resto de la vida del protagonista. La primera vez que escribo algo de este estilo. No estoy del todo satisfecho pero tampoco estoy insatisfecho; además, está esta cosa de que a mí me encanta el absurdo y que el hecho de que la literatura carezca de sentido para mí no supone ningún problema. Al contrario, es como decía al principio, no entender todo tiene su encanto.

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