Entradas

La leyenda del pensador Fabio

¿Habrá realmente respuestas? La leyenda del pensador Fabio En mi planeta, oímos a menudo un grito que viene desde muy lejos, tan lejos que no se puede medir. Se dice que el que grita es el pensador Fabio. Fabio era un jouyín de las llamadas Montañas del Sur de Arelia que, ya desde pequeño, se preguntó de dónde venía todo. Nadie sabía la respuesta, así que se propuso averiguarla él mismo. Se encerró en una gruta profunda de la montaña, para meditar. Permaneció allí durante siglos, sin que nadie le molestase, porque no le dijo a nadie dónde se fue, y nadie fue capaz de encontrarlo. Tras siete duros siglos en los que no se sabe cómo permaneció vivo tanto tiempo, salió de su cueva convertido en un venerable anciano de larga barba y profundos ojos. Dijo que estaba encontrando respuestas a los enigmas del universo, y se puso a predicarlas. Dijo que el Universo se había vendido a unos seres desconocidos, a cambio de que estos le diesen la energía para funcionar. Y así nacieron los as...

Un nuevo mortal

Por nosotros, los soñadores. Un nuevo mortal Estoy cansado de gente falsa, falsos sueños, falsas esperanzas; quiero rasgarlo todo, quemarlo, respirar un nuevo violento y recio lienzo de sangre, respirar con fuerza, respirar con pasión, respirar con una fuerza que no es la mía, sino la de mi voluntad más inquebrantable. Los tubos de metal bufando en mi cabeza son frenéticos, mi cerebro rebota como una ardiente centella dentro mi caja craneal, y esta se va a romper en un alarido de fuegos artificiales. Me voy a sacar el corazón a puñetazos y le voy a inyectar electricidad para que vuelva a mi pecho con una reforzada melodía de alegría. Eso es lo que quiero hacer. Olvidar, olvidar, olvidar, sofocar mis penas en un vaso de fantasías heladas, hacer arder los puños al cerrarlos en el frío, jugando a tirar bolas de nieve con el riesgo. Arrojarse a un abismo para buscar un tesoro, asumiendo que puede no haber nada. Nadie me va a decir lo que debo pensar, o lo que debo...

La barca pecaminosa

Esta es la versión narrado. Abajo, tenéis una versión en guión, por si queréis hacer un teatrillo con unos amigos. Yo lo hice, y, siendo objetivamente modesto, nos desternillamos, así que... ahí la tenéis :). La barca pecaminosa El barco se estaba inundando feamente por momentos, así que yo, como capitán, debía elegir a quién debía salvar: me enfrentaba al típico dilema de clase de ética. Pero no había tiempo que perder, así que salvé a los primeros cuatro que vi. Muy deprisa, entre los crujidos lastimeros del barco y el griterío de los pasajeros, nos metí a los cinco en el único bote salvavidas y con una navaja corté las cuerdas para hacernos caer al agua. La gente gritaba mucho, y era imposible no prestarles atención, así que mis cuatro salvados y yo miramos el barco hasta que terminó por hundirse. Varios pasajeros intentaron nadar, mantenerse a flote, pero eran aguas muy frías y no tardaron mucho en morirse. Ahora, nosotros cinco nos encontrábamos en una situación peliaguda: e...

Fauna de una habitación

Mi madre me dijo que ordenara mi habitación. Yo hice esto. Disfrutadlo. Fauna de una habitación Querido explorador, habrás estado en las junglas amazónicas, en el Olimpus Mons de Marte, en el borde de la Vía Láctea, en los confines del universo, pero seguro que no te habrás atrevido a un desafío mucho más cercano a ti, que no por más cercano ha de ser menos interesante: la habitación de un adolescente. Este espacio es una fortaleza habitualmente inexpugnable donde un ser con inestabilidad emocional derrama sus lágrimas y otros fluidos corporales: el adolescente. Te entra curiosidad, ¿verdad? Pero entrar ahí no es tan fácil: debes tener conocimiento de los peligros que vas a encontrar: el hombre armado, medio combate tiene hecho. Por ello, a continuación hago un informe de la fauna que te puedes encontrar en la habitación del adolescente. -Calzoncillos y calcetines: son prendas apestosas que se suelen hallar en lugares recónditos del feudo del adolescente, como entre colc...

El escritor

El escritor Hola. Este es el escritor. Es una criatura sensible, puede que hasta retraída en determinadas ocasiones, pero hay que evitar a toda costa causar su enfado. Le gusta observar la realidad. Le gusta el café en una taza en un café con aire intelectual, y no llama a lo viejo 'vintage', lo llama viejo. Llama las cosas, así pues, por su nombre; es una manía que llevada al extremo puede desembocar en obsesión por el vocabulario. Esta característica se ve visiblemente alterada si el sujeto es un poeta. En este caso, ha de tenerse una de estas dos cosas: 1-un criptógrafo o 2-conocimientos para ser uno mismo el criptógrafo en cuestión. Los poetas son seres curiosos que insisten en no llamar a las cosas por su nombre, siendo este hecho precisamente uno de sus grandes atractivos. Además de intrigantes, son muy exclusivistas, pues para hacer sus poemas emplean un extenso abanico de figuras retóricas, a cada cual más extraña, que resultan incomprensibles al hombre de a pi...

Ahí fuera, hay un mundo...

Ahí fuera, hay un mundo... Ahí fuera, hay un mundo. No lo vemos, ni tocamos, ni olemos pero él sigue ahí, existiendo. Es el mundo que se oculta tras todos los montajes fotográficos. Tras cada modelo con piel y figura perfecta. Es el mundo tras los hombres trajeados y serios, cuya vida parece perfecta. Es un mundo que no podemos tocar, no, pero podemos notar como vibra y rezuma agua caliente a nuestro alrededor. Si aguzas el oído, oirás su zumbido, un zumbido agudo que te implora que intentes comprender. A cada mujer imperfecta. A cada hombre sin traje, con una camisa blanca de tirantes para trabajar en la obra. Pero, la pregunta es, ¿realmente podemos? ¿Seremos capaces de hundir nuestras manos en las llagas, para ser algún día conscientes del verdadero cuerpo que tiene la realidad que nos rodea? Y, lo más importante, ¿dejaremos que nos apuñale con su daga de verdad o la apuñalaremos nosotros, dándole la espalda? Ahí fuera hay un mundo. Rezuma agua. Sangre. La leche de una vaca ...

Decálogo del buen procrastinador

Este texto está narrado desde la perspectiva del Procrastinador (no le he encontrado otro nombre), un personaje público que se sustenta de las visitas que tiene su blog, en el que habla sobre lo afrodisíaco de la procrastinación, y de sus padres. Pero, claro, él no lo dice, él simplemente procrastina, y quiere fervientemente ¡que todo el mundo lo haga! Disfrutad el segundo discurso que pongo por aquí, del Gran Vago. P.D:  hay dos títulos porque el primero es el del texto, el segundo es  el del decálogo que él anuncia. Decálogo del buen procrastinador Al habla el Procrastinador. ¡Pueblo! Os veo confundidos, trabajáis demasiado, y no sabéis comportaros con la debida pereza. Me veo en la obligación, como personaje público de gran interés, de establecer un conjunto de normas que debe conocer el buen procrastinador, para poder ejercer mejor sus tareas de posposición. Decálogo del buen procrastinador 1-Amarás la pereza sobre todas las cosas. 2-No tomarás el acto procra...