Aventuras de Insta

Este texto está recién salido del horno, espero que lo disfrutéis y que os haga pensar :). Natalia, si lees esto, déjame comentario por favor :^).
Aventuras de Insta
Estaba yo el otro día a las dos de la madrugada, solo, a oscuras y en el sofá, y por hacer algo antes de dormir, le pregunté a una amiga los detalles de una quedada por Whatsapp. Me respondió, la respondí, no se qué no se cuál… una cosa llevó a la otra y acabé abriendo Instagram. ¿Cuántas veces nos ha pasado irnos por las ramas con el móvil? Todo iba normal, cuando de repente vi que tenía un nuevo seguidor. ‘¡Oh Dios santo!’, pensé, ‘¡quién será!’. Era una chica de mi colegio. ¡Increíble! Al instante me puse a sonreír como un imbécil y a pensar que tenía amigos. Me emocioné, sí, y empecé a darle a seguir a varios de la lista esta de recomendaciones. ¡Y entonces una amiga de la infancia, Natalia, me aceptó! Increíble, increíble, lo que os decía. ¡Y en aquel momento, cuando ya la cosa parecía inmejorable, me aceptó otro! Nada, nada, yo ya estaba más arriba que la madre. Y en este extraño y patético estado de ilusión social, me puse a mirar el perfil de Natalia, hasta que vi una foto en la que salía ella con su anorak color crema , con su pelo liso (psché, mejor le estaba rizado) y una sonrisa juvenil muy abierta que cantaba, gritaba, una sola palabra: postureo. Y debajo de la fotito había una frasecita: ‘Cualquier preponderancia de la fantasía sobre la razón es un grado de locura’. ¡Toma ya! ¡Qué grande! ¡Qué filósofa! Y yo, como cuando me tocan los temas de ficción es algo personal, sentí la urgente necesidad de completarle la frase en un comentario: ‘Puede ser una forma de evadirse, o si puedes, de luchar’. ¡Toma ya! Yo también un grande. Pero este pensamiento comenzó a desvanecerse en apenas un segundo, y a ser reemplazado por el de que yo era, más que grande, un payaso. Consciente de ello, le puse otro comentario: ‘@notgonnatellyea Lo siento me pedía el cuerpo terminar la frase’ y el emoticono este que está llorando de risa. ‘Tu comentario se ha enviado como mensaje directo a @notgonnatellyea’ Apagué el móvil. Pasó un buen rato. Mis remordimientos aumentaban. Miré el móvil. Lo encendí y borré el primer comentario. Pero cuando deslicé la pantalla para ver el segundo…
-¡Mierda! ¡Mierda!-susurré desesperado-¿Dónde está?

Miré la conversación con Natalia, adonde se suponía que debía haber ido el ‘mensaje directo’. Allí tampoco estaba. ¡Qué horror! No solo era embarazoso haberle mandado mensajes: ahora que el primero no estaba, el segundo estaba totalmente fuera de contexto y se podía pensar que era un psicótico. ¡Qué situación! ¡Qué aventura! ¿El Indiana Jones este qué me va a contar a mí de riesgo y peligro? ¡Que se haga cuenta en Instagram y verá lo que…! En fin... tras unos minutos de intenso runrún, decidí pasar del tema. Y me quedé muy pensativo, no creáis. Y no por lo de la ficción, ¿eh? Más bien por el hecho de haberme preocupado tanto por una tontería así... ¡Chicos, chicos! ¿Qué nos pasa? Las discusiones de pareja se han vuelto en competiciones por Whatsapp a ver quién responde más tarde, darle like a una foto antigua de quien te gusta resulta impensable y hay gente que se dedica a coleccionar amigos en Facebook. La cosa esta que me pasó con el Instagram de Natalia me hizo tener estas reflexiones. Deberíamos dejarnos de tanta tontería y empezar a restarle importancia a las redes sociales, pues no la merecen tanto. ¿Podrá un like compararse algún día con dos personas que conocen lo que hacen al darse la mano en silencio? ¿Podrá el orgullo de no responderle al otro en un día fragmentar poco a poco una relación que merece la pena? Desengañémonos: no pongamos tanto empeño en una vida virtual que unos desconocidos manipularán a su antojo cuando estemos muertos, y esforcémonos en vivir una vida tangible que nos llene el corazón de felicidad. Cantemos, abracemos a nuestros amigos, besemos a esa persona que nos gusta, luchemos de verdad por nuestros sueños. Vive. Levanta la vista y las preocupaciones de una pantalla, de una etérea vida virtual, y déjate envolver por la vida real.

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