domingo, 20 de marzo de 2016

La niña del vestido rosa (Prevista)

'Has puesto 'entonces' varias veces', 'Has puesto muchos 'y', ¿lo sabes, verdad?'. Sí, lo sé. Me he puesto en la piel de un niño de diez años, y a un niño de diez años le importa muy poco si dice mucho 'entonces' o 'y'. ¡Lo sé porque yo los decía constantemente! Disfrutad este texto, hacía semanas que no escribía nada. Es una prevista. Próximamente, colgaré el texto entero.
La niña del vestido rosa
Yo tenía 9 años, y ella era muy guapa, aunque no pude preguntarle qué edad tenía. Yo había venido con mis padres a la misa de las familias del cole, que se celebraba una vez cada mes en la modesta capillita que tenían las monjas, y todo iba como siempre, aburrido. Cuando salimos del cole tras una hora de aquel cura viejo hablando aburridamente, mis padres y yo nos dirigimos al coche y entonces ellos se pusieron a discutir durante el camino sobre no sé qué era, algo del coche, y tras un rato estaban discutiendo tan enfadados que se olvidaron de mí, y se quedaron discutiendo parados en mitad de la acera. Yo estaba triste porque no me gustaba ver así a mis papás, así que me continué hacia el coche, para no verles. Entonces vi una puerta medio abierta verde a una casa, y tuve curiosidad, y la empujé, y entré. Caminaba triste, por un extraño camino de arena que bordeaba la casa, y seguí, y seguí, hasta que llegué a la parte trasera de la casa. Había un bonito jardín, con sillas de metal verde muy finas, una mesa con un poco de agua y hojas caídas y una fuente de piedra adosada a la pared de la que no salía agua. Allí estaba yo, quieto, con mi ropa de los domingos, respirando tristemente, porque mis padres discutían, y yo no les importaba, y a nadie, a nadie le importaba... Entonces una puerta al lado de la puerta se abrió, y salió una niña con ropa de domingo también, un vestido rosa, que cerró la puerta tras de sí. Cuando me vio, no se sorprendió y caminó hasta ponerse enfrente de mí. Se me quedó así, mirando a los ojos un buen rato. Y yo la miraba. Era muy guapa, morena, con el pelo castaño liso, ojos marrones y labios finos. Le sentaba mal el vestidito rosa, pero no le dije nada, porque ella era demasiado guapa para estar fea con cualquier cosa. Entonces ella se inclinó sobre mí, y me dio un  lento beso en los labios, y cuando separó los suyos de los míos, me dio la sensación de que me arrancaba un poco de corazón, apartándose de mí. Mirándola a los ojos, sorprendido, oí la voz de mi madre, que gritaba '¡Daniel! ¡Daniel!', buscándome. Miré a ella, y le dije adiós. Ella me miró seria, sin sonreír, sin decir nada. Entonces me giré y salí corriendo, y salí de la casa y llegué a donde mi madre, que me preguntó dónde había estado, y yo le dije que jugando con las hojas. Mi madre siempre se creía esas explicaciones... Le pregunté dónde estaba papá, y me dijo que se había ido. Volvimos a casa, donde encontré a papá, y le abracé. Días más tarde, papá salió de casa con unas cajas de cartón. Y no volvió a vivir con mamá y conmigo. Le veía algún fin de semana, y mamá trajo un amigo a casa, y tras un tiempo, me dijo que a partir de ahora debería llamarle a él 'papá'. Y a mí no me gustaba mi nuevo papá, y quería a mi papá, quería que volviese. Mamá y papá se habían peleado, ya no se querían... Y yo me pregunté por qué los amores se rompen, y me prometí encontrar a la niña del vestido rosa, y no separarme de ella como lo hicieron mis padres. Había algo en aquellos ojos de otoño.